El sector turístico albanés sobrevive gracias a los albaneses de Kosovo, quienes pese a estar entre los más pobres de Europa, consideran un "deber patriótico" pasar las vacaciones y gastar sus ahorros en la depauperada "madre patria".

Su destino es la playa de Durres, la más popular de Albania, que en estos días calurosos de verano ha sido tomada por miles de kosovares que encuentran aquí la costa que les falta en su pequeño país, que se independizó de Serbia en febrero del 2008.

Niños pálidos de ojos azules, ancianos con gorras de lana, mujeres con pañuelos en la cabeza y con vestidos largos provenientes de todos los rincones de Kosovo bajan por decenas de grandes autobuses que llegan a este edén veraniego todos los días.

Gracias a la nueva carretera que une ambos países, el viaje entre Pristina y Durres se ha reducido a cuatro horas y el billete cuesta 10 euros ida y vuelta.

"El 90 por ciento de nuestra clientela es kosovar. Si no fuera por ellos, todos estaríamos en la ruina", confiesa a Efe Sherif, propietario de un bar en esa playa del mar Adriático.

De los tres millones de turistas que visitaron Albania el año pasado un 37 por ciento eran albaneses de Kosovo y otro 17 por ciento eran ciudadanos macedonios de esa misma etnia.

Tras el fin de la guerra con los serbios en 1999, muchos albanokosovares, incluso los emigrantes que vivían en los países ricos de Suiza, Alemania o Suecia, consideraron una "obligación nacional" pasar sus vacaciones en Albania para gastar sus ahorros y ayudar así a los pobres "hermanos" albaneses.

Ayudados por las remesas de familiares emigrados en el resto de Europa -ya que el 54 por ciento de los dos millones de kosovares viven en pobreza y extrema pobreza- muchos kosovares son dueños de centenares de restaurantes, bares y negocios de la playa, donde ofrecen sus tradicionales kebaps, alubias y bureks.

Y para sentirse como en casa los han bautizado con nombres de sus ciudades, como "Kebap Peja", Panadería "Liga de Prizren" y Restaurante "Vushtria".

"Venimos aquí porque los precios en la playa son más baratos que en Kosovo. Somos seis personas y en diez días hemos gastado 400 euros: 10 euros por dormir una noche en una habitación de una casa privada y el resto en comida", explica Avdi.

"Es el tercer día aquí y nos gusta. La gente es muy amable y la dueña de la casa nos friega incluso los platos, lo que es impensable en Alemania", afirma Sanije, sentada en la orilla con sus dos hijas, que viven en Berlín.

Pero la crisis económica, el caos urbanístico y la falta de higiene amenazan con acabar con "el turismo patriótico" y ahuyentar a los kosovares de la más conocida playa albanesa, lo que resultaría fatal para el naciente turismo del país mediterráneo.

"En tres o cuatro años el turismo en Durres se acabará. He pagado por adelantado 10.000 euros de alquiler por tres meses de verano y creo que este año no podré sacar el dinero. Los alquileres e impuestos han crecido, y el número de veraneantes ha bajado", se queja Selim, que junto con ocho miembros de su familia gestiona el restaurante "Vushtria".

"Estoy decepcionado y creo que no volveré el año que viene. Todos los días vienen a controlarnos de las oficinas de empleo, impuestos, sanidad. Y si no les sobornas te ponen multas gordas", añade Sadik, que ha alquilado el restaurante "Shqiponja".

"Hay mucha suciedad. Los desagües de los edificios y restaurantes se vierten al mar. En 15 kilómetros de playa no hay ni un sólo baño público", intercede indignado Rahman.

Pero un posible abandono de los kosovares significaría el segundo abandono de la playa de Durres.

Tras la caída del comunismo, en 1990, esta playa frecuentada por habitantes de Durres y Tirana fue gradualmente abandonada por falta de higiene y un urbanismo caótico.

-EFE
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