Grupo RPP

Hay chicos tímidos o muy tranquilos, o que por la misma dinámica que desarrolla el grupo en el que se insertan, pueden ser blanco de los gestos agresivos y violentos de sus pares como empujones, mordidas, burlas, amenazas, golpe etc.

Aunque es natural que los papás nos pongamos mal ante estas situaciones, no es apropiado indicarles que devuelvan la agresión ya que eso reforzaría la idea de que la violencia es aceptable y que es el único medio para resolver los conflictos. Tampoco hay que reprochar ni culpabilizar a los hijos “pacifistas” por no seguir la ley del “ojo por ojo”. Entonces, ¿qué hacemos?.

Lo más aconsejable, siempre, es enseñarle a nuestro hijo que estamos satisfechos con su forma de ser: esa certeza le dará al chico seguridad en sí mismo. Por su parte, los niños que pegan, empujan o insultan, en general lo hacen para llamar la atención o por imitación de algún adulto. Cuando no encuentran eco en su agresión (miedo, grito, ansiedad o violencia) se aburren y se van a molestar a otro lado.

¿Y qué pasa cuando los chicos ni siquiera cuentan lo que les pasa? A veces son blanco de agresión en el jardín o en el cole, y por vergüenza no lo cuentan en casa. “A Francisco, mi hijito de 5 años, un día le descubrí moretones en el brazo. Descubrí que un amiguito le pegaba todos los días y él se aguantaba la situación en silencio”, cuenta Bárbara. En estos casos, hay que escucharlos y hablarles con tranquilidad. Luego, enseñarles a cuidar su cuerpo mediante la manifestación clara de lo que no les gusta que les hagan.