La sangrienta represión de las protestas de los Hermanos Musulmanes por el golpe de Estado y encarcelamiento del presidente egipcio Mohamed Mursi, con al menos 525 muertos y 3.717 heridos según el recuento oficial, ha desatado la condena mundial y las llamadas a consultas a los diplomáticos egipcios.

Mientras el Gobierno instalado el pasado 14 de julio en El Cairo por los militares condenaba la violencia contra la minoría cristina copta, sus representantes en el extranjero recibían reproches y llamamientos a la contención y el diálogo entre seguidores y detractores de Mursi.

La proclamación del estado de emergencia durante un mes y la declaración del toque de queda no ha evitado que los enfrentamientos y los actos violentos se sucedieran la noche del miércoles, pues el desalojo de las acampadas en la capital desató el llamamiento de los Hermanos Musulmanes a sus partidarios para que salieran a las calles.

La convocatoria degeneró en choques con las fuerzas del orden y los opositores al depuesto mandatario, alguno de cuyos más conocidos apoyos como el vicepresidente de Relaciones Internacionales, Mohamed el Baradei, prefirió renunciar y recordó que podía haberse evitado la violencia.

En esta galería conozca las razones por las que Egipto vive un arrebato de violencia que se cobra vidas todos los días.