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El presidente sirio, Bachar al Asad, dijo que una salida a la crisis de su país pasa primero por el fin del apoyo a los rebeldes por parte de los "países vecinos", al tiempo que se mostró escéptico sobre el resultado que podría arrojar una cumbre en Ginebra auspiciada por la comunidad internacional.

Sin descartar que Estados Unidos pueda emprender una acción militar contra su país en represalia por el supuesto uso de armas químicas por parte de su Gobierno, Al Asad apostó también al diálogo entre "todas las partes sirias" en conflicto.

"La acción política requiere primero de la detención del terrorismo y del flujo de terroristas de los países vecinos, así como poner fin al apoyo a esos terroristas, sea logísticamente o con dinero y armas", dijo Al Asad en una entrevista con el canal latinoamericano Telesur.

En paralelo, calificó como "inevitable" efectuar un diálogo interno sobre el futuro del país, sumido en un enfrentamiento entre grupos rebeldes y facciones leales al presidente Al Asad.

El presidente se refirió además como un "paso necesario" a la cumbre en Ginebra que impulsan, entre otros, Estados Unidos, Reino Unido y Arabia Saudí, para encontrar una salida negociada a la crisis, aunque también manifestó sus reparos.

"La conferencia de Ginebra es un paso necesario e importante hacia la apertura de un camino al diálogo entre los componentes sirios, pero no sustituye el dialogo interno en Siria y tampoco sustituye la opinión del pueblo sirio", señaló.

Además, sostuvo que "todos estos ejes no lograrán ningún resultado práctico si no se detiene el apoyo al terrorismo sobre el terreno".

El presidente volvió a negar que su Gobierno haya usado armas químicas y acusó a los rebeldes que buscan derrocarlo de haberlas usado.

"Todas las pruebas indican que fueron los terroristas quienes usaron las armas químicas en la periferia de Damasco", dijo, tras señalar que "todos los indicios" marcan que su Gobierno "no las usó" y que quienes tienen "interés" en hacerlo "son los terroristas".

Una misión de Naciones Unidas comenzó hoy una nueva inspección en Siria para completar su investigación sobre el empleo de armas químicas durante el conflicto en ese país, casi un mes después del término de su anterior visita.

Durante su visita de agosto, los inspectores encontraron "pruebas claras y convincentes" de que se usó gas sarín en el ataque del día 21 de ese mes en el distrito de Guta, en la periferia de Damasco, donde murieron más de mil personas, según la oposición siria e informes estadounidenses.

El régimen de Al Asad negó haber cometido ese ataque, del que acusó a los rebeldes, pese a los señalamientos de Estados Unidos, que estuvo a punto de llevar a cabo una intervención militar en Siria.

El mandatario estadounidense, Barack Obama, dijo el martes en su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas que no cree que una acción militar lleve a la "paz duradera" en Siria.

Según Obama, tiene que haber "una fuerte resolución" del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para asegurar que las armas químicas no son usadas en Siria ni en ningún otro país, y "verificar" que Al Asad cumple con sus compromisos.

Tras el acuerdo en Ginebra entre EE.UU. y Rusia para destruir el arsenal químico sirio, Estados Unidos busca ahora una resolución que invoque el Capítulo 7 de la Carta de la ONU, que abriría la puerta a sanciones o incluso al uso de la fuerza en caso de que el régimen sirio no cumpla con los términos del pacto.

Obama volvió a insistir en que EE.UU. considera probado que el régimen sirio usó armas químicas contra civiles en el ataque a las afueras de Damasco del pasado 21 de agosto y enfatizó que sería "un insulto a la razón humana" pensar lo contrario.

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