Explotación laboral y acoso sexual: denuncias de mujeres marroquíes agitan el sector de la fresa en España

Jóvenes madres que van a Europa como trabajadoras temporales contaron que viven en cuartos hacinados y algunas denunciaron abuso sexual por parte de sus jefes.
Trabajadoras temporales de Marruecos denuncian las condiciones que pasan en España. | Fuente: AFP | Fotógrafo: CRISTINA QUICLER

"Queremos justicia" y que "Marruecos no mande más mujeres aquí en estas condiciones", afirma Houda, una de las trabajadoras estacionales marroquíes que denuncia un ritmo agotador y acoso durante la cosecha de fresas en España.

Las diez mujeres entrevistadas por la AFP son parte de las 16,000 marroquíes que dejaron a sus hijos en Marruecos para venir a Andalucía (sur) a recoger fresas este año.

Sus acusaciones han sido firmemente rechazadas por la empresa Doñana 1998, que las emplea en Almonte en la provincia de Huelva, que alega que "montaron" este escándalo para poder quedarse en el país europeo.

Cinco de estas mujeres presentaron su denuncia ante la Guardia Civil y las otras cinco quieren hacerlo. Están refugiadas en una vivienda en la provincia vecina de Málaga, invitadas por el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) que las apoya.

Venidas de Errachidia, Bouarfa, Berkan, Guercif o Chauen, estas mujeres de mirada triste de entre 23 y 35 años son todas madres de hijos pequeños: es una exigencia para contratarlas, garantizando así que volverán a Marruecos cuando termine la temporada.

Una de ellas explica que "la pobreza" la llevó a partir para recoger fresas un mes después de dar a luz a su último hijo. Otra, embarazada de cinco meses cuando llegó a España a finales de abril, esperaba "pagar la operación" de un hijo con el dinero ganado.

Todas las marroquíes firman un "contrato en origen" en su país. Pero "lo que hay en el contrato y la realidad no tienen nada que ver", dice Layla, de 31 años (los nombres fueron cambiados para resguardar el anonimato).

Malas condiciones laborales y acoso sexual

La más mayor, Adiba, de 35 años, explica que "el trabajo era muy duro a causa del ritmo".

"El contrato prevé seis horas y media de trabajo al día, pagadas 39 o 40 euros, con un día de descanso a la semana. Pero cuando llegamos, nos han dicho: 'es la segunda recogida, vais a trabajar al tajo, 0.75 euros por cada caja de 5 kilos'", dice.

"Tenías que sacar cajas de fresas muy, muy rápido. Si no cumples, te sancionan con 2 o 3 días sin trabajar", asegura esta mujer que se endeudó para pagar su pasaporte, el visado y los papeles para obtener el contrato de tres meses y al final solo trabajó "23 días".

El contrato incluye hospedaje gratuito, pero "dormíamos seis mujeres en un contenedor de chapa" muy rudimentario, instalado cerca de los cultivos, dice Adiba, que debía dedicar "tres euros diarios sacados del sueldo" para ello.

Charifa, de 23 años, estalla en llanto cuando afirma que nadie las defendía "como mujeres". Según ella, el jefe le "ofrecía 50 euros por tener relaciones (sexuales)".

Las voces callan cuando Fadila, de 29 años, recuerda el día en que aceptó que el jefe la llevara en su automóvil: "Me abrazó a la fuerza en la silla del copiloto, tuve que luchar con él para quitármelo de encima, me dio un beso en la boca a la fuerza, me tocó el pecho y...", dice sin poder terminar, entre sollozos.

"Todo lo puedo superar, olvidar, salvo si se entera mi marido y me quita a los niños", dice una mujer divorciada, consciente de que las víctimas de abuso sexual pueden ser objeto de repudio social en Marruecos.

"Queremos justicia, que las autoridades de Marruecos no manden a más mujeres aquí en estas condiciones y volver con la cabeza alta a nuestro país", concluye Houda, de 33 años.

Bajo contrato con la misma empresa, otra temporera marroquí escribió un texto desmintiendo categóricamente las acusaciones contra Doñana 1998, que emplea a centenares de mujeres marroquíes anualmente.

Firmada por 131 compatriotas, esta "contradenuncia" fue registrada por la policía.

En una entrevista a una emisora de radio, un dirigente de Doñana 1998, Manuel Matos, acusó al sindicato SAT de manipular a las mujeres por motivos políticos, afirmando que les promete "papeles" a cambio de "mentiras".

La empresa no respondió a preguntas de la AFP. Un representante se limitó a afirmar por teléfono que "todo cumple las normativas".

AFP

Las mujeres fueron víctimas de malas condiciones laborales, además de acoso sexual. | Fuente: AFP | Fotógrafo: CRISTINA QUICLER
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