De la secta al hijo delator: la historia detrás de la familia a la que un extraño encerró por 9 años

La Policía inicialmente pensó que la familia había permanecido encerrada para esperar el apocalipsis, pero ahora dudan sobre sus verdaderas intenciones. Tras ser liberados, por ejemplo, siguieron ejecutando extraños rituales como dar vueltas en círculo cada media hora.

Izquierda: foto del joven que escapó y alerto a la Policía. Derecha: Fotografía aérea de la finca donde se halló a la familia. | Fuente: Facebook/EFE

Una familia compuesta por un padre y sus seis hijos que pasó 9 años encerrada por un sujeto -con quien no tenía vínculo sanguíneo- en una granja fue descubierta el último lunes por la Policía de Holanda. Desde entonces, cuando la teoría era que estaban a la espera del "apocalipsis", las investigaciones de la Policía han determinado que los miembros de la familia pertenecían a la Iglesia de la Unificación o la "secta Moon", al igual que el hombre de 58 años, Josef B., acusado este jueves por la Fiscalía de "privarlos ilegalmente de libertad" en la finca.

En un comunicado, la Fiscalía del Norte de los Países Bajos informó que el juez ordenó el jueves "incomunicado" y en prisión preventiva otros 14 días al único arrestado, el inquilino de la finca de Ruinerwold, donde la familia holandesa vivió la última década, totalmente aislada y sin contacto con el exterior. Un portavoz de la Iglesia de la Unificación en Ámsterdam, Willem Koetsier, ha confirmado que el padre de la familia, Gerrit-Jan van Dorsten, se unió en la década de los ochenta a la "secta Moon", fundada en los cincuenta por el pastor surcoreano Sun Myung Moon, que murió en 2012.

¿Un culto familiar?

"Sabemos que fue activo en la organización en Alemania durante un tiempo, y que se casó allí con su esposa. He oído de miembros más antiguos que él era una persona muy proclive a los rituales y estableció un grupo con su familia, pero nuestra visión no es vivir en una granja y escondernos del mundo exterior", añadió Koetsier. El padre, que tiene 67 años,  y el detenido y también miembro de la secta, se conocieron en Holanda antes de 2010, cuando aún vivían en Hasselt, en la provincia vecina de Overijssel, donde ambos frecuentaban el lugar de culto de la "secta Moon", "club" conocido por su obsesión con el círculo familiar.

El padre, que está parcialmente discapacitado tras un infarto cerebral hace tres años, y cinco de sus hijos fueron trasladados a un camping bajo supervisión policial después de ser rescatados el lunes de la finca, pero allí continuaron celebrando rituales propios de la secta, como la de dar vueltas en un círculo cada media hora, según la televisión local RTV Drenthe. El ritual se llevó a cabo en un espacio abierto y los otros residentes del camping tomaron fotos de ellos, lo que obligó a la Policía a trasladar a toda la familia a otro espacio menos concurrido para proteger su privacidad.

El misterioso motivo del encierro

La Fiscalía había explicó el miércoles que el detenido, sin relación familiar con los siete miembros de la familia a los que encerró, había sido arrestado el día anterior por "negarse a colaborar" con la Policía en este asunto y es sospechoso de "estar involucrado en la privación ilegal de libertad y de perjudicar la salud de otras personas". Aunque las autoridades holandesas creían tener claro el día del descubrimiento el motivo por el que esa familia permaneció oculta todo este tiempo, en los días desde entonces dijeron estar "llenos de dudas" sobre lo que realmente había pasado en esa finca, situada en el norte de Holanda y convertida en el centro de atención de los medios de comunicación internacionales.

Foto tomada por un dron de la granja. | Fuente: AFP | Fotógrafo: Wilbert Bijzitter

Fue el sexto hijo, de 25 años, quien denunció a la Policía la situación de cautiverio en la que se encontraba el resto de su familia y se encuentra alojado en un lugar diferente a ellos por razones que las autoridades no especifican.  La imposibilidad de ver la finca desde la vía Buitenhuizerweg, un camino del pueblo holandés de Ruinerwold, explica bien por qué nadie se percató de que en la casa, oculta entre grandes árboles, vivían siete persona: un padre y sus hijos de entre 18 y 25 años, desde el año 2010. Ninguno estaba registrado en el ayuntamiento, ni los jóvenes en la escuela, lamentaron fuentes policiales.

Desde la carretera, apenas se puede ver el tejado de la casa, y junto a ella lo que parece un almacén. Está todo rodeada de vallas, y en las imágenes aéreas de un dron se ve un pequeño huerto y montones de plásticos de color azul. La granja más cercana está a más de 300 metros, y son pocos los coches que frecuentan la Buitenhuizerweg, lo que ayudó a mantener a esta familia fuera del radar durante todos estos años, aunque la gran pregunta sigue siendo por qué alguien querría mantenerlos desaparecidos a todos y todo este tiempo.

“Necesito ayuda”

Según el relato del denunciante, él mismo se había "escapado de la casa y necesitaba ayuda" porque llevaba "nueve años encerrado" junto a sus hermanos y su padre, explicó a la prensa Chris Westerbeek, el propietario de la cafetería, ubicada en el pequeño pueblo de Ruinerwold, a cinco kilómetros de la finca en cuestión. Desbordado por la atención mediática del caso, el dueño del bar asegura a Efe no tener relación con el joven, aunque sí reconoce haberlo visto en la cafetería "un par de veces" la semana pasada: en una de ellas le echaron porque tenían que cerrar, y en la otra "se pidió una cerveza, estaba un poco perdido y me contó esa historia".

El alcalde, Roger de Groot, explicó en una rueda de prensa que la madre de los niños había muerto "tiempo atrás", antes de que ellos se trasladaran a esta finca, y el padre estaba enfermo desde hace años, tras un derrame cerebral. Como parte de la investigación, la Policía realizó este jueves un nuevo registro de la casa, donde ha realizado grabaciones de todo tipo en tres dimensiones, y el miércoles se realizaron varias redadas en dos edificios en Zwartsluis, a 16 kilómetros de la granja, donde la familia tenía una tienda de juguetes de madera hechos por el padre.

Los vecinos de la zona no paran de subrayar que allí se conocen todos, pero que "siempre se supo que algo raro había con esa casa, quizás un tema de drogas, pero nunca algo tan fuerte como lo que está pasando”, dijo a la agencia Efe un lugareño de setenta años, que pide el anonimato. La dueña de la finca, Alida ten Oever, aseguró al diario De Telegraaf que el inquilino la "había pagado puntualmente cada mes" y que ella "nunca había notado la presencia de otras personas" en la propiedad. "Estamos bastante perplejos con todo esto", añadió. La investigación policial sigue abierta en busca de respuestas a los numerosos interrogantes que el caso plantea. (Con información de EFE)

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