Vox | ¿Qué está ocurriendo en España para que la extrema derecha tenga éxito y por qué causa tanta preocupación?

La extrema derecha aprovecha una serie de problemas económicos y sociales –la creciente desigualdad, la precarización laboral, el descenso de la calidad de vida y la crisis de la vivienda–, y la negativa de los partidos tradicionales a atender las preocupaciones de la ciudadanía, para emerger al primer plano del ajedrez político español.

Santiago Abascal, fundador y líder Vox, partido de extrema derecha que plantea, entre otras cosas, derogar la ley de violencia de género y la supresión de los "organismos feministas radicales subvencionados". | Fuente: Foto: AFP

La extrema derecha está "de moda" y parece imparable. A muchos les preocupa y desconcierta su avance (sin intermisión) por toda Europa. ¿Qué ha sucedido para que estos grupos florezcan espectacularmente? ¿Por qué la gente vota a favor de formaciones políticas que deslizan en sus prácticas discursivas una creciente animadversión contra el 'extraño'? ¿Cuáles son los riesgos colaterales del ascenso de estos movimientos que, en algunos casos, se identifican con ideologías autoritarias y fascistas?

Hay muchos motivos –de índole político y económico– que explican la eclosión de este torbellino que ha reconfigurado el paisaje político de un gran número de países europeos: en Francia con el Frente Nacional (hoy Agrupación Nacional); en Grecia con Amanecer Dorado; en Italia con la Liga Norte; en Polonia con los movimientos Kukiz'15 y Ley y Justicia; en Alemania con AfD; en Reino Unido con el UKIP; en Dinamarca con el Partido Popular Danés; en Austria con el Partido de la Libertad; en Suiza de la mano de la Unión Democrática del Centro; y en España, que hasta hace poco era inmune a este fenómeno, con Vox.

Las claves de la expansión de la extrema derecha europea

RPP Mundo consultó con tres especialistas para averiguar qué había provocado exactamente la aparición de estas plataformas políticas de extrema derecha que, en estos momentos, están marcando la agenda política y social europea. Una de las claves, sin lugar a duda, es la política de ajuste estructural de contenido neoliberal que se impulsó –en España, Rumanía y Grecia, por ejemplo– como respuesta al estallido de la gran crisis financiera del 2007-2008. La aplicación de este plan se tradujo en la reducción del gasto público en la sanidad y la educación, la contención salarial, recorte de las pensiones y una mayor flexibilización laboral.

"Esta nueva ola (en referencia a la ultraderecha) es una respuesta más amplia a un proceso de reajuste de la hegemonía neoliberal en el contexto de la crisis global de 2008 y sus consecuencias. Aunque las causas del ascenso son múltiples, hay que situar el ascenso de la extrema derecha en este proceso de reajuste, que ha supuesto la práctica destrucción de la socialdemocracia en Europa, la inseguridad económica para las clases medias y populares, el rescate de bancos con dinero público, la desconfianza respecto a los políticos, la reemergencia de discursos populistas de odio", explica Antoni Aguiló, filósofo político del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra.

Los programas de austeridad, según Oxfam Intermón, no solo han sido particularmente ineficaces y nocivos para el crecimiento económico, sino que, sobre todo, agravaron las desigualdades en el Viejo Continente.

El especialista en relaciones internacionales, Farid Kahhat, sostiene, al respecto, que la enorme y creciente inequidad en la distribución del ingreso tiene mucho que ver con el surgimiento de partidos de extrema derecha. Basta una cifra para tener una idea de cómo se reparte la tarta en una de las economías más avanzadas del mundo: según un estudio de High Pay Centre, el británico Martin Sorrell ganó en 2014 como directivo de WPP (Wire and Plastic Products) aproximadamente 780 veces más que un empleado medio.

"La desigualdad, por un lado, propicia la polarización política y, por otro lado, al crecer, da más recursos a sectores de altos ingresos para tratar de influir sobre las decisiones políticas", indica. Es decir, la concentración de la riqueza conlleva inexorablemente a que las élites económicas tengan mayor capacidad para interferir en el sistema político en favor de sus intereses.

España ha sido uno de los países más golpeados por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Las políticas de ajuste estructural que se impusieron empujaron a la pobreza y la marginalidad a una buena parte de la ciudadanía. | Fuente: Foto: AFP

En el Informe Mundial de la Riqueza 2018, la consultora Capgemini revela que el aumento excesivo de poder político conduce automáticamente a una mayor concentración de beneficios económicos. Así, por ejemplo, el número de millonarios en España, un país en el que –de acuerdo con Transparency International España– las decisiones políticas están influenciadas marcadamente por los lobbies, pasó de 127.100 millonarios en 2008 a 224.200 en 2017, pese a que fue una de las naciones periféricas más devastadas por la Gran Recesión

Para Farid Kahhat, la pérdida de empleo, subproducto de la automatización de la industria, la globalización de la economía y la debilidad de la socialdemocracia europea son elementos que explican también por qué un sector de los votantes europeos se convierte en presa fácil para los partidos de extrema derecha. 

"La socialdemocracia ni siquiera tiene ya un discurso de redistribución de ingreso significativo, lo ha perdido. Por ejemplo, [Gerhard] Schröder, el último canciller alemán socialdemócrata, no es recordado por políticas que redistribuyan progresivamente el ingreso; sino por su reforma laboral [que entró en vigor entre 2003 y 2005], una que flexibilizó la contratación y el despido de trabajadores", dice.

Vox y el fin de la excepcionalidad española

La irrupción de Vox en el Parlamento de Andalucía, al conseguir 12 escaños en unas elecciones autonómicas celebradas el pasado 02 de diciembre, no es una novedad ni una anécdota. Como señala el investigador Antoni Aguiló, esta fuerza política es consecuencia de los estragos sociales –precariedad del empleo, descenso de los salarios, aumento del paro y la exclusión social– que produjo la crisis financiera y económica. Un estudio titulado II Informe del Observatorio de Desigualdad de Andalucía, publicado en junio de 2018, revelaba que la tasa de riesgo de pobreza económica o exclusión social en Andalucía era del 41,7%, una cifra muy superior a la de País Vasco (15,9), Cataluña (17,9) y Madrid (21,7%). Si echamos un vistazo al tema laboral descubrimos también que esta comunidad autónoma, gran receptora de inmigrantes, presenta una de las cifras de desempleo más elevadas de España (25,5% en 2017).

"Los indicadores andaluces de condiciones materiales de vida (pobreza relativa, carencia material severa e incapacidad para asumir gastos imprevistos), de empleo (empleo involuntario a tiempo parcial o empleo con salarios bajos) y de acceso a la educación son sistemáticamente peores a los de España y la Unión Europea", señala el documento elaborado por colectivos y grupos de investigación. En definitiva, el tema de la desigualdad y la corrosión de la calidad de vida representan una cuestión neurálgica cuando se intenta descifrar esta creciente marea política.

Mientras las organizaciones tradicionales, como el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se desentendieron de las demandas de los estratos sociales más perjudicados por las desigualdades económicas, el deterioro de la calidad de vida y otros problemas de naturaleza social, la formación creada en 2013 por Santiago Abascal, un bilbaíno de 42 años que estuvo afiliado al conservador Partido Popular (PP) nueve años, las aprovechó sagazmente y las instrumentalizó con suma eficacia para edificar un relato según el cual todos los problemas sociales en Andalucía –y España– son causados por la inmigración, el independentismo catalán y el feminismo.

"Vox busca chivos expiatorios sobre los que cargar las culpas, descargar el odio y responsabilizar de los males de la sociedad: ya sean las mujeres, las personas LGTB, los migrantes indocumentados y, por supuesto, los independentistas", explica Aguiló Bonet.

Vox se define como un partido político que apuesta por "los valores, la familia y la vida" y un "sistema basado en la libertad, donde todos los impuestos sean lo más reducidos posible o incluso eliminados". En la imagen se observa al presidente de este movimiento creado a fines de 2013, Santiago Abascal, durante un acto en el Palacio de Vistalegre. | Fuente: Foto: EFE

La escalada electoral de Vox en este país del continente europeo se nutre –dice el filósofo político– de la ascensión del "fascismo social", un concepto ampliamente desarrollado por el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos y que se caracteriza por la erosión del contrato social establecido en el Estado del bienestar después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

"Este tipo de fascismo consagra los procesos estructurales de exclusión y desigualdad creando un profundo sentimiento de inseguridad en las personas, creando cartografías urbanas que dividen los espacios en salvajes y civilizados y usurpando por parte de actores poderosos sin control democrático prerrogativas al Estado. Todo esto se traduce políticamente en discursos regresivos (y agresivos para determinados grupos y sociales) que hablan de excesos de democracia, de excesos des derechos de los trabajadores, de inmigración excesiva, excesos derechos y libertades de las mujeres", explica.

El profesor de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), Óscar Vidarte, deja claro que no es casual que Vox haya obtenido buenos resultados en Andalucía, la mayor receptora de inmigración ilegal de España. A esta región autónoma, situado al sur del país europeo, llegan –indica– miles de personas que huyen de las guerras y las hambrunas del norte de África. En efecto, de acuerdo con cifras de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en 2018 más de 51,000 personas llegaron en patera a las costas andaluzas. "No me parece extraño, por tanto, que los discursos antiinmigrantes y xenófobos terminan calando en aquellos espacios geográficos que son más afectados [por la corriente migratoria]", dice.

Vox señala en su ideario que su proyecto político se sustenta en defender la unidad de España y sus símbolos nacionales. "Vivimos tiempos en que estos símbolos nacionales, principalmente la bandera y el himno de España, son constantemente atacados cuando no ultrajados por aquellos que pretenden destruir nuestra Nación, ante la mirada cómplice, pasiva o cobarde de quienes deberían impedirlo", se lee en el sitio web del partido. La foto muestra una manifestación en Barcelona apoyada por el Partido Popular y Vox en defensa de la unidad de España. | Fuente: Foto: EFE

Fisonomía de un partido franquista

Ahora bien, ¿cuál es el sustrato ideológico del partido de Santiago Abascal? ¿Se diferencia del fascismo que se impuso en Europa en el siglo XX? En este punto, el filósofo político del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra, Antoni Aguiló, dice que Vox comparte ciertas características con la derecha y la extrema derecha neoliberal que demandan una reducción del intervencionismo estatal en la economía, el desmantelamiento progresivo del Estado del bienestar, el recorte de los impuestos corporativos y menos límites al poder punitivo del Estado.

"Aunque tiene su propia idiosincrasia ideológica. En algunos aspectos (como el ultranacionalismo españolista) esta idiosincrasia conecta con el pensamiento de la derecha radical de la preguerra civil y con el pensamiento de la derecha franquista (centralismo, fin del Estado de las autonomías), así como con un catolicismo reaccionario anclado en la identidad cristiana de Europa, en la línea de las tesis defendidas por el papa emérito Benedicto XVI", explica.

Las declaraciones de Eugenio Moltó, actual diputado andaluz por Vox, dan pistas para saber a ciencia cierta si hay una afinidad doctrinal con el franquismo. "¿Usted cree que los cuarenta años de [régimen de Francisco] Franco fueron una dictadura?", le preguntó un periodista del Diario Sur. "Eso ya depende de cada uno (…). Son los historiadores los que la tienen que juzgar", dijo un tanto incómodo. "¿Fue una dictadura el franquismo sí o no?", insistió el interlocutor. "Pues, yo creo que no", respondió.

Para muchos en España, las palabras de Moltó son, por lo menos, escandalosas. Unas recientes investigaciones –como la obra Verdugos impunes: el franquismo y la violación sistémica de los derechos humanos– dan cuenta de que entre 1936 y 1945 se registró 160.000 muertos y más de 2.000 fosas comunes por la represión franquista. En 2008, el jurista español Baltazar Garzón recibió un listado con más de 130.000 desaparecidos en la Guerra Civil (1936-1939) y en la dictadura franquista (1939-1975).

Algunos miembros de Vox consideran que el régimen de Francisco Franco no fue una dictadura. Este partido, además, se opone a la exhumación de los restos del militar del Valle de los Caídos. "Con la exhumación de Franco se intenta volver a regar los odios entre españoles", dijo Santiago Abascal en septiembre pasado. | Fuente: Foto: AFP

¿El franquismo, muy entronizado por algunos políticos, es una clave, por tanto, para entender el resurgimiento de la ultraderecha en España y su actual marco político?

"Hay que tener en cuenta que la transición española y el régimen que surge en 1978 no tuvieron el antifranquismo ni el antifascismo entre sus consensos fundacionales, a diferencia de lo que sucedió en otros casos, como el portugués, el alemán o el italiano. Se consensuaron muchas cosas, pero no una política de memoria pública antifranquista. Al contrario, se adoptó una política de olvido e incluso de blanqueamiento del franquismo con el argumento de 'pasar página'. ¿Cómo explicar, si no, que, después de Camboya, España sea el segundo país del mundo con un mayor número de fosas comunes con desaparecidos forzados no identificados? ¿Cómo explicar, si no, la aversión que siente Vox respecto hacia la ley de memoria histórica, que pretenden abolir y a la que califican de 'totalitaria'?, argumenta Antoni Aguiló.

El analista internacional Óscar Vidarte explica, por su parte, que grupos políticos que añoran al dictador Francisco Franco, y que comparten sus postulados ideológicos –ultranacionalismo, anticomunismo, los valores familiares, tradicionales y religiosos, la tauromaquia, la caza y el antifeminismo– se alinearon en su momento en torno a organizacionales tradicionales de derecha, como el Partido Popular (PP) y, en tiempos recientes, Ciudadanos (Cs).

"Ahora, estos sectores reciclados veían que estos partidos tradicionales no satisfacían sus intereses y, al verse impulsados por una corriente regional europea de ascenso de la extrema derecha, han comenzado a fortalecer algo autónomo, propio y que represente su discurso tal cual", dice.

Algunos sectores de la clase política española han tildado a Vox de partido neofranquista "sin complejos". En la foto se visualiza una concentración de colectivos sociales en los exteriores de la sede del Parlamento de Andalucía en rechazo a la nueva formación ultraderechista. | Fuente: Foto: EFE

Los planes de Vox contra los derechos de las mujeres

¿El éxito de Vox es el principio del fin de los logros conquistados por las mujeres españolas en las últimas décadas? ¿Su aparición en el ajedrez político favorecerá la consagración de políticas inclusivas, entre ellas la paridad en todos los cargos públicos?

Si se realiza un breve análisis al programa electoral –100 medidas urgentes de Vox para España– que presentó durante un acto multitudinario en Vistalegre, Madrid, el pasado 7 de octubre, se llega a la conclusión de que vienen tiempos difíciles. La formación ultraderechista aboga por la derogación de la ley de violencia de género "y de toda norma que discrimine a un sexo de otro", a la vez que propugna "la supresión de organismos feministas radicales subvencionados".

El partido que preside Santiago Abascal, contrario al matrimonio igualitario, pide, además, que se elimine en la sanidad pública las "intervenciones quirúrgicas ajenas a la salud", como el cambio de género o el aborto. Del mismo modo, propone que se anule definitivamente las cuotas por sexo (por cualquier otra causa) en las listas electorales. "Cada partido las elaborará de acuerdo a las decisiones de sus militantes", señala en su documento programático.

De acuerdo con Farid Kahhat, la extrema derecha europea es sumamente "patriarcal" y su discurso, que favorece a los "hombres fuertes", desarrolla un esquema en que, entre otras cosas, asume que el rol social fundamental de la mujer es el de ser madre. Óscar Vidarte añade que está "convencido de que Vox es una amenaza" a los avances en el tema de la protección de los derechos de la mujer.

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