Bolivia: Brisa de Angulo, de víctima de abuso sexual a dar voz a la niñez para que rompa el silencio

Brisa de Angulo creo su Fundación Una Brisa de Esperanza (FUBE) en 2004 en la ciudad de Cochabamba y por 18 años ha tenido las puertas abiertas para la niñez que ha sido víctima de abuso sexual y sus familias que requieren ayuda legal y psicológica de forma gratuita.

Violencia de género
Ella abrió la fundación cuando tenía 17 años después de vivir en carne propia la violencia sexual perpetrada por un familiar. | Fuente: EFE

Brisa de Angulo ha dedicado su vida y su formación para sanar las heridas que le dejó la violencia sexual y la impunidad en Bolivia y hace casi dos décadas ayuda a otros niños a que "rompan el silencio" y denuncien a sus abusadores a través de la ayuda integral que da su fundación a los menores y su familia.

"Es una comunidad de sobrevivientes que nos acompañamos mutuamente en nuestro proceso de sanidad", dijo en una entrevista con Efe De Angulo, quien logró llevar su caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH), un logro emblemático que podría marcar precedentes para Bolivia y la región.

Su Fundación Una Brisa de Esperanza (FUBE) está en la ciudad boliviana de Cochabamba y por 18 años ha tenido las puertas abiertas para la niñez que ha sido víctima de abuso sexual y sus familias que requieren ayuda legal y psicológica de forma gratuita.

Ella abrió la fundación cuando tenía 17 años después de vivir en carne propia la violencia sexual perpetrada por un familiar en varias ocasiones y cuando ella rompió el silencio y habló se encontró con muchos muros y trabas para encontrar justicia.

"No encontré una sola persona en el sistema de Gobierno o de alguna institución que me diga que no es mi culpa, que me cree, que no estoy sola", recordó.

Esa situación en vez de frustrarla le dio el impulso necesario para capacitarse y estudiar psicología, luego obtuvo una maestría en neuropsicología y un doctorado en derecho para conocer los caminos que le puedan llevar a hacer justicia en su caso que sigue impune por 20 años.

De Angulo alega la responsabilidad de Bolivia por la violación de su deber de garantizar el derecho al acceso a la justicia que, según la demanda, el Ministerio Público no llevó una investigación diligente.

Más allá del caso en la CorteIDH, ella está enfocada en que su fundación contribuya en la "restauración" y "sanidad" de los niños que han pasado por lo mismo que ella.

LA FUNDACIÓN

Desde 2004 la fundación trabaja en tres áreas de forma simultánea, la primera tiene que ver con la atención a las víctimas con psicólogos, trabajadores sociales y abogados para que se encarguen de su caso.

También realizan capacitaciones, protocolos y brindan información de cómo abordar estas situaciones, además analizan las políticas públicas que protegen a la niñez, indicó a Efe la coordinadora de FUBE, Paola Roque.

"En vano les diríamos a los niños que rompan el silencio, si no les brindamos el apoyo necesario para que ellos puedan acceder a la justicia y sobre todo reestructurar sus proyectos de vida", explicó Roque.

El abordaje de estos casos es "complejo" porque los menores llegan angustiados con sus familias sin saber qué hacer o sin querer hablar de lo sucedido porque en muchos casos el agresor es algún familiar cercano.

Roque dijo que en el 85 % de los casos que atendieron los agresores son familiares de las víctimas, lo cual hace que ya no confíen en las personas ni en las instituciones, por lo que es vital un proceso terapéutico para la sanación de esas heridas que quedan en el alma.

Es así como la fundación ofrece terapias con música, pintura, repostería, apoyo escolar, terapias individuales o de grupo para que poco a poco sientan la confianza de contar lo sucedido y que vuelvan a tener el control sobre sus cuerpos.

"El agresor les ha hecho pensar que tiene control sobre su cuerpo (...) entonces las terapias le permiten reestructurar esa idea de la colonización de su cuerpo, vuelven a retomar el control", comentó Roque.

La fundación atendió más de 2.200 casos de niños, cada año atienden entre 100 a 150 nuevas denuncias y han acompañado 670 juicios de los cuales el 95 % tienen sentencia, acotó De Angulo.

LAS SECUELAS

Cuando un menor sufre de violencia sexual el cerebro se queda "desregularizado" por el impacto del hecho y se traduce en, por ejemplo, tener un sistema inmunológico más débil o incluso en que se acorte la vida unos 20 años por el trauma, señaló De Angulo.

También les cuesta concentrarse, tienen una mala memoria y en algunos casos dificultades de aprendizaje que si no se los aborda se va cargando con estas situaciones hasta adultos.

Muchos sufren depresión, bulimia, anorexia e incluso intentan suicidarse, como en el caso de Brisa, que son situaciones que se juntan a la raíz principal que es el abuso sexual.

Si la CorteIDH falla a favor de Brisa se podría implementar algunas de sus propuestas como que se contemple el incesto como un delito en Bolivia y que la violación esté basada en la falta de consentimiento y no en el uso de la fuerza.

EFE