"Siento el gusto amargo de la injusticia". Esta frase pronunciada por Dilma Rousseff en su última comparecencia ante el Senado resume su sentimiento de impotencia ante el proceso que acaba de terminar con la destitución de la primera mujer que llegó al poder en la historia de Brasil.

Perfil técnico. A Dilma se le reconoce un perfil más técnico que político. Su falta de liderazgo hizo que sus socios se sintieran despreciados se transformaron en obstáculos insalvables en un contexto de crisis económica y descontento popular.

Ejecutiva. En contraste con su "padrino" y mentor, el carismático Luiz Inácio Lula da Silva, Rousseff carece de cintura política y se condujo en el poder como una ejecutiva de empresa más que como una dirigente forzada a pactar para conservar el poder.

Dama de hierro. Conocida como la "dama de hierro brasileña", su carácter fuerte, que para algunos roza la soberbia, se forjó en la década de los 70, tras su experiencia en grupos guerrilleros que combatieron contra la dictadura militar, cuando fue torturada y encarcelada durante tres años.

Carrera política. Después, Dilma Vana Rousseff Linhares, hija de un comunista búlgaro, se apartó de la política hasta los años 90 y se afilió al Partido de los Trabajadores en 2001, invitada por Lula. Fue ministra de Energía y de Presidencia y el expresidente la impuso como candidata, condujo su campaña y logró convertirla en la primera presidenta de la historia de Brasil, el 1 de enero de 2011.

Recesión. Mimada inicialmente por los mercados, su falta de carisma y la crisis que empezó a golpear al país fueron minando sus apoyos. Durante su primer mandato, la economía brasileña inició una línea de caída que se acentuó en los dos últimos años hasta llevar a Brasil a la recesión más grave de las últimas tres décadas.

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