Mientras Robert Smith salía del hotel miraflorino donde se hospeda, con su característico look: maquillaje en la cara, labios y ojos, su cabello alborotado y vestimenta negra; en el Estadio Nacional los fans hacían cola para entrar. Eran las seis de la tarde y sus admiradores, caminaban apurados con su entrada en mano. Se les notaba bastante emocionados, y no era para menos: iba a ser la primera vez  que verían a aquel ídolo de los ochentas, que aún sigue vigente, en un escenario. Una imagen, que quizás para muchos, aparecía en sus ensoñaciones, y que jamás se imaginaron presenciar en el Perú.

Poco después, cerca de la 9 de noche -para ser exactos 8:50 p.m.- Robert Smith y su banda actual, conformada por Simon Gallup en el bajo, Roger O’Donnell en los teclados, Jason Cooper en la batería y Reeves Gabrels en la guitarra, salían a la tarima. El vocalista estaba con la misma vestimenta de color negro con la que había salido del hotel, solo que ahora ya estaba en el escenario. 

Los fans vieron a su rock star con varios kilos de más, con movimientos más pausados, pero con la misma intensidad al momento de cantar. Esa pasión que se evidenciaba en sus expresiones y gestos, que también los hacía cuando tocaba su guitarra. 

Los anteriores conciertos en Brasil, Paraguay, Argentina y Chile, hacían prever un show con alrededor de 40 canciones, tocadas en aproximadamente 3 horas y media.  Y así fue.

Del disco “Wish” de 1992, “Open”  -aunque suene redundante- abrió el show. Inmediatamente soltó, casi sin ánimo, una palabra de saludo: “¡Hello!”.

Continuó con “High”, saltando en el tiempo hasta 2004 con “The end of the world” del “The Cure” para retroceder a los ochentas con “Lovesong” del disco “Desintegration”, uno de los más oscuros de The Cure. En esta canción, el público en su totalidad se integró al concierto. Coreó el tema y se emocionó.

Con una de las guitarras que lo acompaña en el tour por Latioamérica - al menos suponemos, por los stickers de banderitas de los países de la gira que adornaban el instrumento musical- un inagotable Smith, de 54 años, era ensalzado por sus acérrimos fans.

Las dinámicas “In between days”, “Just like heaven” y “Friday I’m in love” avivaron el ánimo de los asistentes, que reaccionaron de manera opuesta, cuando tocaron temas menos conocidos por la mayoría como “Doing the unstuck”, “Want” o “One hundred years”.

Siguieron temas como “The lovecats” y “Close to me”. En este último, Smith se trasladó un poco sobre el escenario para bailar, ante la ovaciones de sus seguidores. Parecía que el líder, vocalista y también mánager de la banda disfrutaba el momento.   

La interacción fue poca, apenas pronunció algunas frases en inglés dirigidas al público y se le oyó decir algunos tímidos “gracias” en español. La opinión de los asistentes estaba dividida: algunos  fans solo querían verlo cantar, otros refunfuñaban porque el concierto parecía solo un playlist y había poco contacto al que quizá estamos más acostumbrados los latinos.

Dos momentos importantes del concierto: en "Dressing up", Robert Smith tocó la zampoña los primeros segundos de la canción. Cuando mucha gente se apresuraba a capturar el instante, Robert ya había dejado el instrumento para continuar con el tema.

Y otro momento para el recuerdo fue cuando el vocalista de The Cure lloró mientras interpretaba la canción "Disintegration". Al final del tema, Smith junto a la banda salieron del escenario, seguramente para que el vocalista pudiera reponerse. Un momento bastante emotivo. 

Una versión más pausada de “Boys don’t cry” resucitó al público que, a diferencia de Smith, estaba ya un poco cansado, con la excepción de algunos auténticos seguidores, que coreaban todas las canciones. 

Pero ya faltaba poco para que culminara el concierto. The Cure retornó a sus inicios con “10:15 Saturday Night” del “Imaginary Boys” de 1979 y la controvertida “Killing an arab”, que se incluye en el disco recopilatorio “Boys don’t cry” de 1980.

Una despedida que culminó con una promesa de volver. “See you, again”, gritó Smith antes de que le diera la espalda al público y abandonara el escenario. Los fans esperan que así sea.


Rosario Hurtado