Aija es una de las 20 provincias de la región Áncash. Es un lugar muy atractivo, no solo por la calidez de su gente y sus riquezas naturales, sino porque alberga dos imponentes cerros que tienen una enorme fuerza de atracción.

Se trata de los dos cerros de imán natural situados a aproximadamente 3 mil 800 metros sobre el nivel del mar, del distrito capital de la provincia que lleva el mismo nombre. Ellos, están revestidos con pastizales, los cuales de alguna manera tratan de ocultar su poderío.

El cerro macho y el cerro hembra atraídos por el imán

Curiosamente, los pobladores manifiestan que uno de ellos es el cerro macho porque termina en punta y el otro, el cerro hembra, ya que en su cima se distinguen dos pequeños  cerritos a los cuales han encontrado similitud con los senos de una mujer.

Los visitantes que se animan a escalar los cerros arrojan objetos de metal para comprobar la presencia del imán y obviamente el metal se queda impregnado sobre la arena que cubre los pedazos de imán. Incluso, algunos llevan a sus casas una fracción de este hierro magnético para conservarlo como un recuerdo.

Cuenta una leyenda que por los años 60 o 70, una avioneta que pasaba sobre los cerros de imán comenzó a perder altura por la fuerte atracción y cayó en un lugar muy cercano al valle de Huarmey.

Desde entonces, las líneas aéreas decidieron cambiar su ruta por el temor a que la naves pudieran ser atraídas por los cerros, refiere el regidor de Educación, Cultura, Turismo y Deporte de la Municipalidad Provincial de Aija,  Luis Mejía Mejía. 

Pero, los cerros no solo son una maravillosa riqueza natural, sino que también se han convertido en los más grandes y fuertes protectores de la población, pues los habitantes de Aija afirman que ellos impiden que los rayos y truenos que se registran en épocas de lluvia caigan en la ciudad.

La casa del sabio Santiago Antúnez de Mayolo

Pero si de atractivos se trata, también podemos mencionar la casa del sabio Santiago Antúnez de Mayolo, considerada patrimonio cultural de Aija.

Es una casona de construcción muy antigua que data del año 1800 y a la fecha aún conserva sus muebles, el  material bibliográfico que utilizó Antúnez de Mayolo para instruirse, su álbum de fotos familiar y sus diplomas.

El inmueble conserva la infraestructura de las casas que en aquella época solo edificaban los que pertenecían a la clase pudiente. En su jardín se encuentran los 12 monolitos de piedra de más de un metro de alto, que simbolizan a unos guerreros.

Además, está la zona arqueológica de Chuchunpunta, la cual se ubica en la parte baja de la ciudad y data de hace más de mil años.

En este lugar hay construcciones de piedra, chullpas en forma circular y cuadrangular, así como restos óseos. Desde su cima se pude apreciar el ocaso del sol y la cordillera Negra, por lo que muchos la llaman el balcón de Aija.

Una pendiente y calles empedradas

La misma ciudad de Aija también constituye un maravilloso atractivo para los visitantes, quienes para desplazarse de un lugar a otro deben subir o bajar varias gradas, ya que la ciudad se encuentra en una pendiente.

Sus calles son empedradas y sus casas conservan su originalidad, es decir su estructura de adobe con techos de tejas. Solo las instituciones públicas han modernizado sus construcciones.

La población es netamente agrícola y cultiva, principalmente, la cebada, la papa, el trigo y otros tubérculos en meno escala.

Quizá usted se ha sentido atraído por muchas cosas, pero nunca por unos cerros que guardan una fuerza natural. Déjese atraer por todas las maravillas que puede encontrar en la mística tierra de Aija.

Por Yanet Reyes

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