Luis Asencio

San Sebastián en la ciudad de Cajamarca, es el barrio más grande y popular, además este nombre lo lleva en honor al santo patrón del mismo nombre, que justamente en estos días está de fiesta.

Un grupo entusiasta de devotos se concentró desde muy temprano en las afueras de la Iglesia La Recoleta, pues ya se vive una ambiente de fiesta en homenaje a “San Shibita”, como se lo suele llamar al santo patrono San Sebastián.

Con bastante paciencia se trabajó el altar del patrono del barrio que lleva el mismo nombre,  uno de la más grande y popular de la apacible ciudad de Cajamarca.

Testimonios de fe

Carmen Ortiz Vargas de Sánchez nos cuenta es que es devota de San Sebastián desde que tiene uso de razón, dado que esto viene de familia. “Yo nací dentro de la fe de San Sebastián”, nos recalca.

De igual manera, con cierta nostalgia nos cuenta que antes el árbol se confeccionaba en el sector denominado La Cruz del Molle, a una cuadra de la Iglesia La Recoleta, y desde allí el santo era llevado en hombros por una compacta multitud hasta el templo.

Jorge Vargas Mercado también nos cuenta que la devoción en San Sebastián viene desde hace 42 años  y desde ese entonces mantiene una fe inquebrantable y que le sirvió para salir adelante en los momentos más adversos de su vida.

Historia de San Sebastián

Guiados por la historia, los devotos diseñan y construyen la réplica de un árbol, donde el capitán del Ejército Romano, en los tiempos de antaño, fue condenado a morir asaetado (flechas), porque  practicaba el apostolado y nunca negó su fe en Jesucristo.

En los instantes que las flechas surcaron los aires y se incrustaron en el cuerpo del capitán del Ejército Romano, sus amigos sintieron el dolor como si se tratase de ellos mismos y resignados fueron a recoger el cuerpo.

Grande fue su sorpresa, pues cuando se acercaron al hombre caído, aún se encontraba agonizando. Lo llevaron a la casa de una noble cristiana romana llamada Irene, donde se pudo recuperar en secreto, siendo considerado este hecho como un verdadero milagro.

Sus amigos le aconsejaron que se ausentara de Roma, pero Sebastián se negó rotundamente y se presentó ante el emperador Maximiano, quien desconcertado lo daba por muerto y le reprochó enérgicamente su conducta por perseguir a los cristianos.

Maximiano en el año 288 mandó que lo azotaran hasta morir y los soldados cumplieron esta vez sin errores la misión, tirando su cuerpo en un lodazal. Los cristianos lo recogieron y lo enterraron en la Vía Apia.

Por: Luis Asencio

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