Cortes

Ricardo Castro Pinto, cerró los ojos, pero vivirá en los corazones cusqueños cada vez que se escuche las notas musicales de un Pampapiano y los inolvidables villancicos en Quechua.

Sus restos mortales descansan a los 95 años en el cementerio de la Almudena del Cusco, lugar en el que fue sepultado después de recibir homenajes del Centro Qosqo de Arte Nativo, la Confraternidad del Señor de los Temblores, los Chayñas, institución de antigua tradición cuyos integrantes entonan música cusqueña en quechua.

Nació en Toqocachi-San Blás

Ricardo Castro Pinto nació en el barrio de Toqocachi en San Blas, el 7 de febrero de 1916.

Muy  joven aprendió a cantar escuchando a los ‘senses’, niños cantores, en la basílica Catedral y a tocar el órgano.

En 1950, fue testigo del terremoto que cambiaría para siempre al Cusco y sus habitantes. Por esos años se abrió el espacio para que su trabajo artístico y el de otros cusqueños comience a expandirse, gracias al espíritu indigenista de la época.

En ésta década compuso y ejecutó la música típica incidental para la película Kukuli de Luis Figueroa y Eulogio Nishiyama, y fue actor en el Inti Raymi como Willaq Uma, llegando a interpretar el papel de Inca en 1959.

Compuso Misa en Quechua para llegada de Juan Pablo II

A la llegada del Papa Juan Pablo II, compuso la misa en quechua, que sería ejecutada por el Coro Polifónico Municipal Cusco bajo la dirección de su hijo Samuel Castro Yrrarazábal en la explanada de Sacsayhuamán en el año de 1985.

Producción Musical

Hasta sus últimos días hizo esfuerzos por cumplir con sus responsabilidades como organista de la catedral, así como de la Basílica de La Merced.

Su conocimiento de estos dos espacios históricos alcanzaba dimensiones enciclopédicas, lo cual otorgaba a sus interpretaciones un espíritu particular y bastante emotivo.

Toda esta experiencia se encuentra plasmada en producciones musicales que incluyen música folclórica, villancicos navideños y canciones religiosas andinas, destacando ‘Noche Buena Imperial’ y ‘Navidad en Cusco’.

La dimensión más importante del trabajo de Ricardo Castro Pinto radica en la captación de las múltiples melodías que el mundo andino contiene y que se han transmitido generacionalmente solo a través del medio oral y colectivo, como es el caso del ‘Apuyaya Jesucristo’, y que puso en partitura escritas difundiéndolas en publicaciones como Llaqtanchispa Takin, Cantares de mi escuela y Villancicos cusqueños.

En el año 2006, fue declarado Patrimonio Cultural Vivo de la Región por el Instituto Nacional de Cultura Cusco, otorgándole la medalla Garcilaso en reconocimiento a su trayectoria artística.

Institución Cultural Unión Latina (Francia), financió libro Willka Taki”

A finales del año 2006, luego de infructuosas negociaciones con instituciones y organizaciones locales, tras ser escuchado tocando en la catedral fue contactado por el embajador Bernardino Osio, en ese entonces secretario general de la Unión Latina, institución cultural con sede en París, quien le manifiesta su voluntad y de la institución que representaba para publicar su trabajo.

Es así que el año 2008, luego de dos años de recopilaciones y ajustes, publicó el libro Willka Taki, compuesto de dos tomos: Taytanchisman Takikuna (Cantos al Taytacha) y Mamanchisman Takikunan (Cantos a la Virgen ) obra que recopila la lírica original y traducida, así como partituras y grabaciones de las principales piezas de la música popular religiosa que registró directamente en sus viajes por los pueblos más recónditos del sur andino.

Ricardo Castro Pinto murió a los 95 años la madrugada del 01 de septiembre de 2011. Su experiencia de vida lo convierte en un personaje notable que fue testigo de la evolución social y cultural del Cusco desde la perspectiva del arte popular.

Por: Adelayda Letona

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