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Con más de 98% de votos escrutados, todo parece confirmar que Pedro Castillo y Keiko Fujimori disputarán la segunda vuelta de la elección presidencial. Los dos candidatos necesitan ahora introducir matices en sus planes de gobierno para adaptarlos a la nueva realidad política creada por los realidad de los votos: convencer a los que no votaron por ellos. Eso quiere decir, más de 80% de los electores en el caso de Castillo y más de 86% en el caso de Fujimori. ¿Qué margen de acción tienen para adaptar sus respectivos mensajes sin decepcionar al núcleo duro de sus seguidores? Y, ¿cómo podrán desvirtuar el arraigado “antivoto” que afecta a ambos candidatos? En efecto, muchos asocian a Castillo con el comunismo en general y en particular con el autoritarismo y la debacle económica de Venezuela. De la misma manera un sector importante del electorado asocia a Keiko con los pasivos del gobierno de su padre, con su propia implicación en un caso de corrupción que investiga la Fiscalía y con el comportamiento de su bancada mientras tuvo la mayoría.

También el perfil del nuevo Congreso confirma las previsiones de fragmentación. El que gane la presidencia no podrá contar con una mayoría parlamentaria propia, lo que lo obligará a forjar alguna forma de consenso para poder aplicar sus políticas. Según los resultados parciales de la ONPE, Perú Libre contaría con la bancada más grande, integrada por 32 miembros. En total habrán congresistas de diez partidos, aunque dos de ellos, Somos Perú y el Partido Morado no llegan a cinco miembros, lo que les impedirá formar bancadas propias. Lo seguro es que el número de mujeres aumentará significativamente en el Congreso, pasando de 26 actualmente vigentes a 40. La reforma sobre la paridad de género en las listas ha cumplido sus objetivos.

Que mucho puede cambiar entre la primera y la segunda vuelta lo evidencia el caso de Ecuador. El domingo fue elegido presidente el empresario Guillermo Lasso con 52.4%. Lasso había quedado en segundo lugar en la primera vuelta, pero supo conducir una campaña centrada en la mejora de la gestión pública y la reactivación económica. Lasso utilizó también el temor a un eventual retorno del expresidente Rafael Correa, quien hizo todo lo posible para obtener la elección de Andrés Arauz, quien fuera ministro durante su gobierno. Arauz reconoció rápidamente su derrota y pidió que no se dé inicio a un nuevo ciclo de persecución. Lasso contará con una bancada parlamentaria reducida, apenas una cuarta parte de la del derrotado Arauz, pero también más pequeña que otras tres.

El historiador Carlos Contreras, consciente de la disyuntiva en la que se halla nuestro país, ha tenido la buena idea de recordar en El Comercio la negociación que intentaron hace 200 años el general San Martín y el virrey La Serna. Contreras señala que una casona ubicada en el actual distrito de Carabayllo fue el escenario de un encuentro directo precedido por la Conferencia de Miraflores, realizada 7 meses antes. San Martín, dice Contreras, “sacó una propuesta novedosa que por un momento pareció lograr consenso: la instauración de un gobierno de regencia, presidido por La Serna”. ¿Por qué fracasó ese plan? Porque en ninguno de los dos campos hubo unanimidad, al revés, prevaleció la división, el recelo y el temor de exponerse a una treta o una traición. Solo se consiguió unos días de armisticio, el intercambio de prisioneros y el reparto por mitades de la producción de plata de Cerro de Pasco. Contreras sostiene que en Punchauca “la suerte del Perú estuvo en vilo”. Tal como sucede actualmente.

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