Beto Mendoza

El niño Jesús también nace a más de dos mil metros de altura sobre el nivel del mar, allí donde el frío arrecia y el sol quema las mejillas. El ande liberteño muestra su devoción indeclinable durante las fiestas navideñas y lo hace a través de estampas costumbristas llenas de fervor.

En Huamachuco por ejemplo, capital de la provincia de Sánchez Carrión y tierra de grandes personajes del país como Ciro Alegría o José Faustino Sánchez Carrión, lo más emotivo se vive el mismo 24 de diciembre, cuando se realiza una escenificación en vivo del nacimiento de Jesucristo. Allí, un coro interpreta con emotividad el “Gloria a Dios en las Alturas”, escenificando la aparición del arcángel Gabriel al interior de la catedral de Huamachuco.

Un entrañable recorrido andino, nos lleva a efectuar un alto en Otuzco, la capital de la fe, donde la venerada imagen de la Virgen de la Puerta aguarda tiernamente la llegada de su niño Jesús. En horas de la tarde, la algarabía se apodera de las calles cuando los niños recorren los siete barrios de la localidad tocando las puertas, cantando villancicos y recibiendo alimentos o regalos. Es importante señalar que un pueblo devoto como Otuzco preserva aún la añeja medida de cerrar las discotecas respetando el apego popular por la espiritual festividad.

Mientras tanto, en la lejana provincia de Bolívar, se celebra un colorido concurso de árboles navideños que incentiva a diversas dependencias públicas para compartir su carisma en esta fiesta. Más tarde, la Nochebuena es recibida en el calor familiar compartiendo una mesa con asado de carnero o la parrilla y un trago llamado Gro preparado con alcohol, hierba luisa y limón.

Pero, si se trata de originales proposiciones navideñas, es importante detenerse en Cascas, capital de la provincia de Gran Chimú, donde se celebra la fecha brindando con vino y  afecto a los visitantes, pues, como se sabe, se trata de una zona vitivinícola por excelencia.

Por su parte en Julcán, provincia ubicada a más de tres mil metros de altitud, las familias disfrutan de su pan chancay o de un sabroso lechón al horno. Por lo intenso del frío y la pobreza imperante en el lugar, centenares de niños y niñas reciben regalos de gente caritativa.

Sin duda la fe no tiene fronteras, no sufre de “soroche” ni teme los veleidosos caminos que conectan la costa y la zona andina. Se trata de una celebración que se vive con amor y generosidad, tratando de olvidar por unos días la difícil situación de sus pobladores, quienes a pesar de todo están siempre dispuestos a brindar su cariño a los visitantes.

Por: Davinton Castillo

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