| Fuente: Presidencia

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Basta con leer los tuits emitidos ayer por el jefe del partido Perú Libre para comprender el riesgo que corría la democracia en el Perú. Vladimir Cerrón y Guido Bellido confirman, por si hubiera sido necesario, que no han asumido la experiencia de los totalitarismos del siglo XX y que viven atrapados por una ideología leninista que perdió todo contacto con la realidad desde el fin de la guerra fría y el auge de la China diseñada por Den Xiaoping. Es cierto que ya estábamos advertidos por el ideario del partido fundado por Cerrón. Pero supo cooptar a Pedro Castillo, quien fue miembro durante doce años de Perú Posible, antes de adquirir notoriedad por su papel en la huelga del 2017, apoyado por los sectores más radicales del magisterio. El error más grave de Cerrón y sus seguidores es haber creído que los electores votaron por Perú Libre con la intención de construir una caricatura de régimen de partido único, sin prensa libre ni economía de mercado.

La verdad es que Castillo obtuvo en la primera vuelta el porcentaje más bajo de votos desde que se instaurara el sistema de dos vueltas electorales. Se votó contra lo que se entendía como “el mal menor” y por identificación con una figura que expresaba a los sectores más vulnerables, perjudicados severamente por los efectos de la pandemia. Nada de lo sucedido hasta ahora garantiza que vayamos a retomar el camino de la democracia y la prosperidad. La sociedad debe permanecer vigilante ante conquistas que son siempre frágiles y amenazadas por la demagogia populista y la división. Desde ya, la oposición ha reaccionado de dos maneras contrapuestas: hay quienes saludan la salida de Bellido y Maraví, pero también los que persisten en poner en duda la legitimidad de Pedro Castillo y siguen soñando con la vacancia. El Perú necesita un nuevo Pacto Social, en el que se afirme el interés nacional por encima del de los partidos y los intereses particulares.

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