Walter Martos, presidente del Consejo de Ministros. | Fuente: PCM

El gabinete presidido por Walter Martos obtuvo ayer un holgado voto de confianza, al término de una sesión que tomó menos de doce horas. En total 115 congresistas votaron a favor, 4 en abstención y solo 5 en contra. Martos se había esforzado en poner el acento en temas sanitarios, sociales, ambientales y regionales. El premier arrancó aplausos cuando anunció que los ministros no tomarían la palabra, pero que se reunirían con todos los congresistas y viajarían a los lugares más recónditos del país para escuchar las demandas de la población.

En su breve discurso de respuesta, Martos aseguró que las intervenciones del Pleno le “habían llegado al corazón” y reiteró una frase que parece haberle valido más respaldos que los previstos: “No se puede servir lo que no se ama y no se ama lo que no se conoce”. Esta vez la bancada más grande, la de Acción Popular, votó a favor, con la solitaria excepción de Orlando Arapa, cuyo radicalismo solo le alcanzó ayer para optar por la abstensión. Por su parte, APP, que el martes pasado votó enteramente en abstención, esta vez lo hizo a favor. También el Frepap respaldó al gabinete Martos, insistiendo en sus propuestas respecto a los fondos de jubilaciones. Hasta los recalcitrantes fujimoristas Martha Chávez y Carlos Mesía actuaron “en aras de la unidad nacional” y unieron su voto al de la mayoría de su bancada. Solo el Frente Amplio reprobó las supuestas ausencias del discurso de Martos y aportó 4 de los cinco votos contrarios a la confianza.

Tanto Martos como los congresistas prefirieron esquivar los temas más sensibles, como la minería, las jubilaciones, los conflictos sociales y la reforma universitaria. El próximo jueves está prevista la interpelacion del ministro de Educación. Entonces podremos saber si el voto de ayer expresa una vocación real y desprendida a buscar la unidad para hacer frente a la pandemia o si se trató de una actitud prudente después de la demostración de fuerza que hace siete días precipitó la caída del gabinete Cateriano.

A propósito de los temas sensibles, el historiador Carlos Contreras sostiene que al destacar la importancia de la minería, Cateriano “tocó una herida abierta porque la relacion entre los peruanos y la minería es de amor y odio. De amor porque uno ama lo que le provee para la vida… Pero también de odio porque toda relación de dependencia genera sentimientos encontrados, frecuentemente de rabia”. Su artículo, publicado en El Comercio, se interroga desde el título si el Perú es un país minero, como sostuvo Cateriano en el Congreso. Contreras responde que sí, tanto desde el punto de vista geográfico como histórico. El historiador explica que solo después de la Guerra del Pacífico disfrutamos de una “especie de primavera agropecuaria, cuando las exportaciones de azúcar, lanas y algodón nos mostraron que otra clase de economía era posible”. Contreras concluye que cambiar un patrón que ha tenido siglos de vigencia “no será una labor fácil ni rápida”.

Otro tema en el que los logros e innovaciones requieren mucho tiempo es la ciencia. El presidente ruso Vladimir Putin ha pretendido que su país avanza más rápido que las grandes potencias científicas, incluyendo a China. La realidad es que la ciencia es una forma de saber que requiere un clima de libertad y de crítica, que no existe en Rusia. Putin ha pretendido politizar la ciencia y hacer propaganda, incluyendo en el anuncio a su propia hija. En Rusia se reduce cada día el espacio de la crítica en las universidades, las revistas y la prensa. ¿Cómo podría florecer en esas condiciones la búsqueda del conocimiento y sus aplicaciones tecnológicas?

Las cosas como son