Las elecciones congresales se realizan este domingo. | Fuente: Foto: Andina

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En nuestro país parecen coexistir todas las variantes de la corrupción con el formalismo jurídico más quisquilloso. La prueba es que cuatro días antes de las elecciones nos enteramos de que un candidato del Frente Amplio ha sido condenado por haber recibido un soborno de 10,000 soles cuando era funcionario público, pero el Jurado Nacional de Elecciones sostiene sin ruborizarse que ya es demasiado tarde para eliminar su candidatura. Su propio partido pide que Mariano Rosario Zúñiga sea retirado de la lista, pero el organismo que preside el cuestionado juez supremo Víctor Ticona persiste en su intransigente apego a la letra de la ley. Lo mismo podemos decir del caso de Fernando Cilloniz, número uno de la lista de País Patria Segura, excluido por olvidar declarar un viejo automóvil, pero el general Daniel Mora, sigue en carrera. Y se nos dice que ya es tarde para aceptar su renuncia, supuesto, claro, que sea verdad que Mora quiera renunciar. Peor aún, el Jurado Nacional no acata las medidas cautelares concedidas por la Justicia, como en el caso de Pedro Gamio, excluido candidato del Partido Morado por omitir un detalle nimio en su declaración de patrimonio. Así llegamos al penúltimo día de la campaña, con decenas de partidos, miles de candidatos y cientos de filtros, pero incapaces de confiar en el criterio de las autoridades electorales. Sólo nos queda esperar que pese a todas las dificultades y pese al escarpado camino que nos ha traído al punto en que nos encontramos, seamos capaces de elegir un nuevo Congreso dispuesto a consensos para concretar las reformas de que se habla mucho y por las que se hace poco.

El Foro Económico Mundial que se realiza cada enero en la pequeña ciudad alpina de Davos celebra este año su cincuenta aniversario y lo hace decidido a acabar con su imagen del Club de los ricos. Se ha recomendado discretamente a los participantes que no lleguen en avión privado para evitar las críticas ante la producción innecesaria de gas con efecto invernadero. Es cierto que asiste Donald Trump y que los grandes empresarios pagan una elevada cuota que financia las invitaciones de personalidades emblemáticas de la contestación mundial como la activista sueca Greta Thunberg y, peor aún, el inspirador del movimiento “Ocupar Wall Street”, el periodista Micah White. ¿Cuál es el secreto del éxito de un evento que se inició con discreción en una elevada estación suiza de ski, que solo era conocida porque Thomas Mann la utilizó como escenario de una novela que narraba la convalecencia de tuberculosos en un sanatorio de montaña? Pues el fundador Klaus Schwab cree tener la respuesta: practicar el diálogo, hacer conversar a los que no están de acuerdo, no excluir a los adversarios, incorporar incluso los conceptos nuevos que aparecen en ambientes hostiles al mundo de las finanzas. Para la versión 2020 se ha escogido como título: “Accionistas por un mundo integrado y sustentable”. Quizás por eso hasta el Papa Francisco envió al titular del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, Peter Turkson Appiah. A la cabeza de una nutrida delegación vaticana, el primer cardenal natural de Ghana comenzó pidiendo a los 3,000 asistentes no olvidar que “todos somos miembros de una misma familia, la humana”. Y recordó temas esenciales del pensamiento de la Iglesia: el fin último del Estado es la persona humana, no la ganancia ni el poder. El discurso redactado por el Papa afirma que las demandas de los que menos tienen van de la mano con las demandas que alertan sobre la amenaza global que representa el cambio climático. A juzgar por los aplausos, responsables políticos y líderes empresariales parecen optar hoy por forjar, como se decía durante los años setenta, un capitalismo con rostro humano.

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