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Premier Mirtha Vásquez. | Fuente: Luis Enrique Saldana

Resulta imposible anticipar si el ejercicio parlamentario que tendrá lugar hoy servirá para orientar y clarificar nuestra evolución política. La mayor parte de los actores reconoce que la presidenta del Consejo de Ministros tiene un talante dialogante, pero nadie sabe con precisión si ella es la que toma las decisiones. Algunos creen que se halla bajo presiones contradictorias del mosaico de fuerzas que luchan por concentrar el poder a la sombra de Pedro Castillo. ¿Podrá propiciar la renuncia del ministro Barrenzuela, afirmar la erradicación de cultivos ilegales de coca, garantizar la independencia de la Fiscalía que investiga a personajes del entorno de Vladimir Cerrón?

La exposición de la política general del gobierno nos permitirá saber si Mirtha Vásquez actúa con una visión clara de lo que hay que hacer para reactivar la economía y favorecer la inversión privada, aunque esto suponga tomar claramente distancia del leninismo arcaico que preconiza Perú Libre. Más aún, veremos si predomina en la Primera Ministra una visión del Estado imparcial, o si cede ante el culto al partido y la teoría de cuotas de poder que motivaron el comunicado en que Perú Libre anunció que no votaría la confianza al gabinete Vásquez. Pero también la oposición tendrá que poner sus cartas sobre la mesa y explicarnos si el respeto a la Constitución y los valores democráticos son exigencias para todos, o solo para sus adversarios.

El espectro de la oposición va desde los que tienen como estrategia única la vacancia presidencial hasta los que aspiran a que Castillo se modere para poder llevar a buen término su mandato. En la vida política, como en la personal, hay momentos en que se hace indispensable adoptar definiciones, lo que implica romper con lo que no permite avanzar. Es difícil optar cuando el camino es incierto. Pero no optar es a veces la peor de las opciones.

Las cosas como son