Julio Guzmán, líder del Partido Morado, envuelto en un escándalo. | Fuente: Foto: Andina

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Lejos de favorecer la serenidad y la reflexión sobre los temas de fondo de nuestra vida política, la última semana de la campaña ha comenzado de la peor manera posible: perturbada por la súbita irrupción de cuestionamientos a partir de una anécdota rocambolesca que tiene como protagonista al fundador del Partido Morado, Julio Guzmán. También la campaña del 2016 se vio perturbada por explicaciones insuficientes que desembocaron en la eliminación de la candidatura presidencial de Julio Guzmán. Esta vez, él no es directamente candidato, pero sí presidente y fundador del único partido verdaderamente nuevo, el Partido Morado, que se proponía construir una coalición de centro destinada a impulsar reformas y sacar al país de un largo ciclo de confrontación y resentimiento. Lo que está ahora en cuestión no es tanto la materialidad de una cita que se presta a interpretaciones para todos los gustos, sino la credibilidad de sus explicaciones, en particular frente al incendio producido en el lugar de los hechos. Este penoso incidente, se produce sin que haya quedado resuelta la crisis causada por graves revelaciones sobre la conducta maltratadora del general Daniel Mora, otro líder fundador del Partido Morado.

No hace falta adherir a la campaña moralista (que no es lo mismo que moral) de los tartufos de turno para reconocer que más daño que las debilidades humanas causan las explicaciones a medias. La dirigencia del Partido Morado no ha sido capaz de producir un documento y menos aún de proponer una suspensión provisional de su presidente, mientras se aclaren las imprecisiones y mientras los electores debamos concentrarnos en lo que esperamos de los futuros congresistas. No es la primera vez que una competencia política se ve perturbada por temas personales y familiares. Se habla incluso del síndrome de “la nariz de Cleopatra” para referirse al triste final de la rivalidad entre Marco Antonio y César Augusto. Pero las reacciones del Partido Morado ponen en evidencia la falta de reflejos rápidos, de palabras persuasivas y sobre todo de capacidad para restablecer la política en el nivel que le corresponde: el de la solución de los problemas de los peruanos, las reformas, la lucha contra la corrupción y la inseguridad ciudadana.

Estamos en espera de la publicación inminente de la sentencia del Tribunal Constitucional. Ya sabemos que los jueces constitucionales han declarado oralmente infundada la demanda competencial presentada contra la disolución del Congreso. Pero los fundamentos del voto y los votos singulares pueden aportar detalles sobre aspectos que no fueron precisados. Esperamos sobre todo que una decisión tomada en “circunstancias excepcionales” no siente precedentes peligrosos, sino que, al revés, sirva para aclarar aspectos constitucionales que garanticen el equilibrio entre poderes. Lo que la historia retenga dependerá del comportamiento del Congreso que vamos a elegir el próximo domingo: ¿Servirá para forjar consensos y enrumbar el país en la vía del desarrollo y la consolidación de sus instituciones? ¿O será otra vez un campo de batalla entre fuerzas políticas al servicio de agendas particulares, cuando no de apetitos de revancha?

Un ejemplo de desprendimiento y sentido de la responsabilidad pública nos ha sido dado por el exitoso Director de la BBC, una de las más prestigiosas empresas periodística del mundo.  Tony Hall ha preferido renunciar antes que envenenar las relaciones entre la BBC y el primer ministro Boris Johnson. El líder conservador reprocha a la BBC no haber sido imparcial ante el BREXIT y por eso amenaza con un nuevo mecanismo de financiamiento de la corporación británica de radiodifusión, fundada en 1922 y conocida por su excelencia en programas emitidos en numerosas lenguas. Tony Hall ha justificado su renuncia diciendo, que más que su carrera lo que importa es el futuro de la institución. Lo mismo deberían estar dispuestos a decir todos los jefes y funcionarios responsables.

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