Pedro Castillo
Pedro Castillo es el presidente del Bicentenario de la República. | Fuente: Andina

La proclamación de Pedro Castillo como presidente electo del Bicentenario finalmente se dio por parte de las autoridades del Jurado Nacional de Elecciones. A solo días para el cambio de mando, se abre una etapa en que los reflectores están puestos exclusivamente sobre el profesor cajamarquino y lo que podrían ser sus cinco años de gobierno. Castillo ha sido en este tiempo esquivo con la prensa y los anuncios sobre lo que será su gobierno se ha dado principalmente en mítines  o en reuniones con dirigentes del gremio de docentes (la presentación de un pedido al Congreso para una Asamblea Constituyente).

Lo cierto es que uno de los retos que tiene en frente es lograr gobernabilidad en estos cinco años en los que estará al frente del Ejecutivo, y marcar diferencia de lo que no ocurrió en el quinquenio del 2016 al 2021.

Enlace con el Congreso

Asegurar gobernabilidad implica necesariamente llegar a acuerdos con las otras bancadas en el Parlamento. Perú Libre tiene la primera bancada en minoría con 37 congresistas a los que se le suma los cinco representantes aliados de Juntos por el Perú. Para el especialista en sociología política y profesor de la Universidad Católica David Sulmont, un gobierno que no tiene la capacidad para mantener una relación fluida y estable con el Parlamento genera extrema inestabilidad.

“El gobernar contra el Parlamento ha sido muy difícil, por no decir casi imposible, como lo han demostrado Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra. En ese sentido, Castillo está en una situación similar, de alguna manera, a lo que era el gobierno de Alan García en 2006. El APRA tuvo 36 congresistas, un tercio del Congreso en ese momento y encontró acuerdos con sectores como el fujimorismo para que les diera cierta gobernabilidad”, indicó Sulmont.

La diferencia de ese periodo con el actual es que este Parlamento estará conformado mayoritariamente por congresistas sin experiencia. “No se sabe quiénes podrían ser los operadores que puedan negociar con las bancadas que podamos ubicar al centro, como Acción Popular, Somos Perú o Podemos Perú, para tener una mayoría funcional, no necesariamente una mayoría de gobierno que pueda sopesar a la oposición que va a estar supuestamente encabezada por Fuerza Popular y Renovación Popular, a la cual se le podría sumar Avanza País”, señaló Sulmont.

Para el politólogo Cristhian Jaramillo, se ha vuelto a la normalidad en la que un presidente tiene la primera mayoría o segunda mayoría y se ha dejado atrás el enorme desbalance que hubo en el 2016. “Espero que los conflictos no sean tan intensos”, indica y a la vez advierte que un tema trascendental a superar para lograr gobernabilidad es que se reforme el artículo de la Constitución referido a la vacancia presidencial por incapacidad moral.

“La primera cuestión que es necesario hacer de manera inmediata, llegando al Gobierno es reformar las condiciones por las cuales un presidente termina vacado. La vacancia presidencial es algo inmediato a reformar y eliminar el término de incapacidad moral dentro de la Constitución”, dijo. “Si no se hace eso, basta que el Congreso tenga los votos para sacar a presidentes y se termina rompiendo lo que es el sistema presidencial. El sistema presidencial considera un mandato fijo, un presidente solo debería ser vacado cuando es una corrupción probada y no por sospechas”, añadió.

En tanto, el coordinador de la Maestría en Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Carlos Fernández Fontenoy, indica que Castillo deberá convocar a un primer ministro y gabinete que generen confianza política. “El segundo reto es lograr pactos o alianzas en el Congreso que posibiliten obtener, primero, el voto de confianza a su plan de gobierno y gabinete, y luego, la aprobación de las propuestas de Ley que vaya a canalizar el Poder Ejecutivo para su aprobación congresal. Un tercer reto, será el de neutralizar, nuevamente, la obstrucción a la gobernabilidad del país anunciada por Keiko Fujimori”, manifestó.

 Agenda política y actores

Fernández Fontenoy indica que los temas que deben estar en la agenda prioritaria de Castillo deben ser “la lucha contra la pandemia, que implica una reforma del sector salud; la reactivación de la economía y generación de empleo en el corto plazo, y mejorar el servicio de educación, que obliga, entre otras cosas, a mejorar el sistema de conectividad por internet a nivel nacional”.

El cambio de Gobierno se produce en un contexto de aceleración de la campaña de vacunación y en pleno proceso de reactivación económica. Para Jaramillo, el nuevo gobierno debería dar continuidad a los funcionarios del sector salud para permitir que la campaña de vacunación mantenga el ritmo vigente. “Ese sector no debería cambiar hasta que se vacune a una gran proporción de la ciudadanía”, dijo.

Por su parte, Sulmont apunta que Pedro Castillo necesita ser capaz de armar un equipo de Gobierno que pueda tener una gestión eficiente y tranquilizar los temores con respecto a una ruptura en el proceso de vacunación en marcha. Sin embargo, al mismo tiempo advierte que hay muchas incógnitas en torno a la figura del presidente electo. “Castillo va a tener que jugar en dos frentes: un respaldo de la opinión pública en el resto del país donde obtuvo una votación importante y manejar una buena relación con el Congreso”, indicó.

La promesa de campaña: Asamblea Constituyente

Pedro Castillo llega al Gobierno con una promesa de campaña: la convocatoria a una Asamblea Constituyente para cambiar la Constitución de 1993. Congresistas de Perú Libre y de Juntos por el Perú han declarado que el Perú puede seguir los pasos de Chile donde actualmente se elabora una nueva Constitución, a través de una Convención Constituyente. Desde otros sectores del próximo Parlamento, se oponen a una Constituyente.

Jaramillo apunta que la comparación entre Perú y Chile no sería valida, debido a que ambos países siguen procesos políticos radicalmente distintos. “En Chile, hubo un consenso tanto de partidos de derecha y de izquierda, todos estaban de acuerdo con modificar la Constitución. El mínimo común era que sí veían a la Constitución chilena como una entidad que debía modificarse. Acá no hay un consenso parecido. Si bien existen ciertas ideas, no todos lo comparten. Algunos partidos lo rechazan completamente. Sobre todo, porque llamar a una Constituyente es un proceso bastante complejo y la idea de una Constituyente es que abarque todas las voces. No es posible tener una Constituyente solo con ciertos actores. Es necesario tener pluralismo”, señala.

A evaluación del politólogo, la prioridad del Gobierno de Castillo no debería ser la Constituyente, sino convencer al Congreso de la modificación del artículo sobre la vacancia presidencial. “Sin eso, Castillo siempre va a estar condicionado”, manifiesta.

Sulmont, por su parte, reconoce que la forma de cambiar la Constitución vía Asamblea Constituyente “es más complicado”, pero sí encuentra viable realizar modificaciones a la Carta Magna que den muestras que ha buscado cumplir con su promesa “sin romper el orden constitucional y abrirse flancos que generen mayor inestabilidad”.

En ese sentido, recordó las modificaciones que impulsó el expresidente Martín Vizcarra con las reformas constitucionales aprobadas primero en el Congreso y posteriormente sometidas a referéndum del 2018. “Formulas existen dentro del marco de la Constitución, necesita por lo menos la mitad más uno de votos en el Congreso para que cualquier intento de reforma pase o tenga viabilidad. Ahí el escenario está en el marco de la gestión parlamentaria. En Perú, al ser país presidencialista, a veces soslayamos en nuestro análisis político, la importancia de la gestión parlamentaria”, indica Sulmont.

Por su parte, Fernández Fontenoy indicó que desde el gobierno de transición de Valentín Paniagua existe en el país “un consenso sobre la necesidad de hacerle cambios a la Constitución. Este objetivo compartido con la mayoría de las bancadas, es el de reformar o cambiar varios aspectos de la actual Constitución. La discusión radica en el camino para hacerlos, no en su necesidad aceptada por casi todos”.

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