Am

Isabella busca a Charo para seguir con sus clases de cocina. “Tu ají de gallina fue un éxito. A toda mi familia le gustó y ahora que es mejor que el que hago yo”, le comenta. “Ahora quiero aprender a hacer lomo saltado, aprender a picar la cebolla”, le pide Isabella. “Ese plato es muy complicado, mejor te enseño a hacer lentejitas o frejoles”, responde Charo. Isabella insiste hasta que Charo cede. “¡Oh Miss Pinky Charo!” le dice.

Viviana está furiosa con Raúl al que encontró coqueteando con Rubí. Raúl insiste en que no ha pasado nada. “¿Y por qué le vas a hacer un video clip? Ese no es el rubro de la empresa”, dice ella. “Pero su canción es muy pegajosa y será un boom”, responde el Platanazo. Y entonces le dice que empleará el nuevo equipo que ha comprado y Viviana le da un manotazo y el aparato satelital cae al piso y se rompe. “¡Qué has hecho insensata! ¡Arruinaste mi vida, mi futuro, arruinaste la empresa!”, dice Raúl que no deja de llorar y sale de la casa. “¿A dónde vas?”, pregunta Viviana. “¡A ti qué te importa!”, responde el Platanazo. “Creo que la fregué”, dice Viviana.

Fernanda le pide a Joel que le prepare un café pero tiene que salir a comprarlo. Aparece en la escena Cayetana y se pone a discutir con Fernanda acerca de quién de ellas lo hará feliz. Se empiezan a gritar. En eso llega Joel. “¡Qué pasa acá!”, pregunta. “Fernanda me está agrediendo, fui a la cocina por un vaso de agua y me empezó a atacar”, se queja Cayetana. “¡Eso no es cierto! ¡Es una loca! ¡Y una mentirosa!”, se defiende Fernanda. Cayetana se va y Joel le dice que solo les queda hacer una cosa. “En realidad son dos cosas”, responde Fernanda y le da el anillo que le devolvió Charo. “Dámelo otra vez”, le pide a Joel que se arrodilla y se lo pone en uno de sus dedos tras lo cual se besan cariñosamente.

Miguel Ignacio y Gladys están en un elegante restaurante pero no logra identificar ninguno de los platos del menú. “Acá no venden inchicapi. Mejor hubiéramos ido al puesto del mercado”, le dice. Miguel Ignacio pide dos platos de pasta y vino. “¿Vino? Me quieres embriagar, mejor me trae agua de cocona bien helada”, dice Gladys lo cual causa las risas de dos señoras que beben vino. “¿De qué se ríen viejas cacatúas?”, les dice. Y luego le pide al mozo a que los traslade a una mesa alejada de esas mujeres.

Gladys le comenta a Teresa en la puerta de su casa lo que sucedió en el restaurante con Miguel Ignacio. Y habla tan fuerte que Isabella, que está llevando su clase de cocina con Charo, escucha todo. “¡¿Qué crees, que porque Miguel Ignacio te llevó en una limosina a un restaurante te vas a quedar con él?!”, le dice furiosa. “La señora maleducada que se mete en conversaciones ajenas”, le responde Gladys. “¡Miguel Ignacio es mío, es mío, es mío!”, grita Isabella. Charo detiene la discusión y hace entrar a Isabella a seguir con su clase de cocina.

Raúl está devastado tras la destrucción de su aparato satelital que le costó US$300 mil. Va en busca de Manolo pero este le dice que no pagará un centavo por chatarra. “Habla con quien te lo vendió para que lo vea el seguro”, le sugiere. “¡Es que no tiene seguro!”, responde Raúl. “Entonces es tu problema”, responde Manolo y hace que Hiro lo saque de la casa. Raúl regresa a la productora y está totalmente abatido. Llega Viviana y le pregunta si logró solucionar algo. “Es solo un aparato, ya veremos cómo solucionamos esto”, le dice. Raúl toma el teléfono y llama a un hotel para reservar una habitación. Viviana lo mira intrigada. “Dudo mucho que podamos compartir el mismo techo”, le dice Raúl. “Como yo soy la que arruinó tu vida y tu futuro, la que tiene que irse soy yo. Adiós”, le dice y se va. Raúl no la detiene. Viviana llega a su casa y toma una maleta. Se encuentra con Luciana y le dice que irá al norte a visitar a sus padres y que no sabe cuándo volverá.

Isabella llega a la casa de Peter. “Les sorprenderá verme aquí pero a traerles un lomo saltado que yo misma he preparado”, les dice a Peter y Socorro. Les sirve pero ninguno lo quiere probar hasta que Socorro por educación prueba un poco y queda encantada y lo mismo pasa con Peter. “No es que dude de sus virtudes culinarias señora Isabella pero ¿usted misma lo hizo?”, pregunta. “Ay Peter, como voy a mentir con eso”, le dice. Y Monserrat se lleva el plato y Hiro la persigue porque también le ha gustado el lomo saltado de Isabella.

Peter llega a la constructora y le pide a Miguel Ignacio que despida a Bruno y a Nicolás. “Debo hacer respetar los términos del testamento de madam”, le dice. “Entonces solo me queda acatar”, responde Miguel Ignacio. “Así es”, concluye Peter.

Manolo está con Luciana en la sala de la casa de Raúl y él la quiere invitar a salir. Llega Raúl. “¡¿Qué hace este sujeto aquí!?”, pregunta. “Eres persona no grata. Fuera de aquí. Lucianita quiero que te des cuenta qué clase de sujeto es este hombre. Eres una gallina. Y un mentiroso. ¿Acaso fueron ciertos los reportajes en Beirut?”, le dice. Luciana se queda mirando a Manolo. “¡Eres una gallina!”, le dice.

El novio de Shirley, Anthony, llega a la casa de los González. “Voy a buscar a Shirley”, le dice. “No he venido a ver a Shirley sino a usted. Yo siento algo por usted. Algo que nace aquí y se extiende por todo mi cuerpo, es algo especial, es algo que no se puede explicar con palabras. No puedo callarlo más, usted me gusta”, le dice. “Shirley es una chica muy linda pero usted es más mujer y tiene personalidad”, le dice a Reyna que lo mira asombrada. “Eres un mocoso”, le dice. “Déjeme demostrarle mis sentimientos”, le dice Anthony.

Miguel Ignacio le pide a Lucifer que haga pasar a Bruno y Nicolás a su oficina. Ambos creen que se les asignará tareas con unos inversionistas asiáticos a los que atendió Miguel Ignacio minutos antes. “Nada de eso. Los llamé para decirle que están despedidos”, les dice sin mayores rodeos.

El padre Manuel intercepta a Peter y Socorro y les pide un donativo para que los niños pobres tengan una feliz navidad. “¿Y de cuánto estamos hablando?”, pregunta Peter. “De US$100.000”, responde el religioso lo cual causa zozobra en Peter. Socorro interviene y a Peter no le queda más que girar un cheque con esa exorbitante cantidad. “Es que será una navidad inolvidable”, dice el padre Manuel. “Qué bien se siente ayudar a los demás. Entonces quiero regalarles de mi parte este jueguito moderno que le gusta mucho a los chicos, un playstation pero compraré uno para cada uno”, dice espantando a Peter. “Esto se está saliendo de control”, piensa aterrado.