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El padre Manuel está en el confesionario y de pronto escucha la voz de un feligrés que ha llegado a confesarse. “Padre, quiero que me absuelva porque voy a pecar. He venido a matarlo, su tiempo ya terminó y es tiempo que se encuentre con el Creador”, le dice la voz. El padre Manuel sale corriendo despavorida y pide auxilio a gritos.

Tito y Pepe están en el parque y se enteran del apuro que está pasando el religioso pero dudan en ayudarlo porque piensan que el sicario podría herirlos o incluso matarlos. De pronto divisan a Richard, el hermano de Briana, la alumna de Manolo.

“¡Ahí está el Hulk! ¿Cómo hacemos para que nos ayuda? ¡Ya sé!”, dice Tito y se acerca al piloto. “¡Richard, hay un tipo en la iglesia que se quiere propasar con tu hermanita!”, le dice con lo que el joven se convierte en un energúmeno. Entran todos a la iglesia y tras revisar el confesionario, se dan cuenta que no hay nadie.

“¡Ya sé! ¡Debe estar en el despacho parroquial!”, dice el padre Manuel. Efectivamente, ahí encuentran a un joven que está sentado detrás de un escritorio. Richard se le va encima y lo golpea sin piedad dejándolo inconsciente. Pepe y Tito creen que a Richard se le pasó la mano y le sugieren al padre Manuel que hay que deshacerse del cadáver. El religioso se da cuenta que se trata del padre Xavier, un religioso catalán muy bromista. “Si el cuerpo se queda aquí, usted terminará en la cárcel”, le dicen y entonces el padre Manuel concuerda con ellos en que deben llevarse el cuerpo.

Lo envuelven en una vieja alfombra y lo sacan de la parroquia. Buscan a Joel para que se encargue de llevar el bulto a la Costa Verde pero el conductor del Taxi Churro pone una serie de reparos y de pronto se da cuenta que la alfombra se mueve. Joel planea llevarse la alfombra a su casa pero justo se encuentra con Fernanda quien le dice que no quiere cosas viejas en su casa.

Pepe, Tito y Joel llevan la alfombra a la azotea de la casa de los González y al abrirla se dan cuenta que el hombre que pensaban muerto está vivo. Joel le pone una de sus zapatillas en la nariz para que reaccione. Mientras tanto llaman al padre Manuel quien reconoce al Padre Xavier. “Te voy a acompañar para que te vayas a tu casa”, le dice. “¿Cuál casa? Yo he venido a quedarme”, responde el padre Xavier. “Uy, parece que llegó el serrucho del padre Manuel”, concuerdan Pepe, Tito y Joel.

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