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Shirley le cuenta a Grace acerca de Anthony Pichilingüe Manicero y le dice que él la conoce porque vino a la casa a hacer un grupo de trabajo. Grace lo recuerda y le dice que es un chico correcto. “Pero a mi mamá no le gusta porque no tiene plata”, dice Shirley. “¿Será el amor de mi vida?”, le pregunta a Charo. “¡No, es solo una aventura cañetana!”, interviene Reyna que se lleva a su hija. “Pobre criatura”, reflexiona Charo.

Luciana llama por Video Call a Viviana y le dice que Manolo está en Nairobi y la joven africana de quien se ha enamorado es nada menos que Lupita Nyong"o. “Seguramente la hizo reír y se enamoraron. Así me pasó a mí. Dile a mi papá que traiga de vuelta a Manolo”, le pide. “Ay, los hombres, siempre arruinándolo todo”, reflexiona Viviana.

Joel trepa a la ventana del dormitorio de Fernanda utilizando una escalera. Insiste en que deben a volver a vivir juntos. “¡Ni muerta!”, responde Fernanda que además le reclama que la haya traicionado con su peor enemiga. “¡Ya le devolví su plata!”, afirma Joel. “¡Ah, o sea que sigues hablando con ella!”, reacciona Fernanda. “¡No, no, le di el dinero a Claudio!”, miente Joel. “¡Es la misma cosa!”, dice Fernanda. “Pero mi amor, ella solo nos dio un empujoncito”, se justifica Joel. “¡No me llames mi amor! ¿Así que te dio un empujoncito, no? Entonces te va a gustar el mío”, dice Fernanda que se acerca a la ventana y empuja la escalera. Joel termina en el piso, adolorido.

Teresa va en busca de Gladys para contarle que Manolo está en Beirut y que se ha enamorado de una africana. “¿Dónde está Raúl? ¡Tiene que traer de vuelta a Manolo!”, dice. Llega Viviana y Teresa se empeña en ir con ella a la productora pero la esposa de Raúl, que sabe que ahí está Manolo, la convence de no ir pero Teresa le propone un juramento para crear una liga de mujeres en defensa de la maldad de los hombres.

Miguel Ignacio llega a su oficina con sus maletas. “No será la primera vez que duerma aquí”, dice y entra a su despacho. “¡¡Oh por Dios!! ¡¡Mis ojos!! ¡¡Qué es esto!!”, exclama mientras retrocede impresionado. Aparece Félix a medio vestir. “Pero señor Miguel Ignacio, ¿cómo viene sin avisar?”, le dice. “¡Esta es mi oficina!”, responde el ingeniero. “Y yo soy el vigilante nocturno”, replica Félix. “¡Mañana mismo quiero que hagas desinfectar el sofá!”, ordena Miguel Ignacio. “¡Y la alfombra también! ¡Y el escritorio!”, se escucha una voz desde el interior de la oficina. “¡¿Usaron mis escritorio?!”, exclama Miguel Ignacio. “No, pero una pata se rompió y rodamos a la alfombra”, continúa la voz. Se trata de Lucifer que asoma la cabeza. “Jefito, ¿qué tanto me vio?”, le pregunta.

Fernanda se sienta a mesa en la casa de los Maldini y empieza a tomar un sopa sin parar y bebiendo a la par su jugo de pera. Toda la familia la queda mirando. “Fernandita, todavía no se ha dado la orden de cenar”, le dice Francesca. Pero Fernanda dice que está muerta de hambre. “Eso te pasa por jugar a la pobre”, le dice Nicolás. “Y ¿dónde está mi papá?”, pregunta. “Por fin, pensé que nadie iba a preguntar”, exclama Monserrat que narra con lujo de detalles la pelea entre Isabella y Miguel Ignacio.

Miguel Ignacio llega a la casa de Raúl. Encuentra a Gladys y Oto y le cuenta que Isabella lo botó de la casa porque no se llegó a casar con ella. Aparecen Viviana y Raúl. “¡¿Qué haces aquí?!”, le dicen. Viviana trata de hacer que Miguel Ignacio se vaya de la casa y entonces Gladys le dice que se dé una vuelta y que se lleve a Oto. Miguel Ignacio pide una casaquita para el niño pero al final Raúl se pone jugar con el pequeño y al juego también se suma Viviana. Raúl propone que todos se sienten a la mesa. Al final Oto conquista a Viviana quien solo tiene ojos para el niño.

Reyna le exige a Shirley que deje de ver a Anthony. “Es un trol y encima no tiene plata. Te prohíbo que lo veas porque seguramente seguirás trabajando con él”, le dice. Shirley le dice que sí. “Entonces no irás a trabajar”, ordena Reyna. “No me puedes prohibir que trabaje”, responde la joven.

Isabella está sola en su dormitorio. “Esta cama es muy grande para mí. No, no te voy a llamar”, dice. Pero luego toma el teléfono. “¿Puedes venir? Me siento sola”, dice. Y entonces se abre la puerta y es Susú. “¡Pinky friend!”, dice. “¿Qué haremos?”, pregunta Isabella. “¡Pijama Party!”, propone Susú. “Pero no tengo nada que celebrar”, dice Isabella. “Pero yo sí. ¡Por fin voy a dormir en una cama grande!”, exclama Susú.

Raúl le cuenta a Viviana que Manolo se quedará escondido seis meses para evitar casarse con Teresa. “Eso ya está resuelto. Pero ¿qué hacemos con Luciana? Ella está enamorada de Manolo”, le dice. Raúl no cree lo que le dice su esposa y entonces le pide su tablet y vía Video Call habla con su hija. “Seguro que Viviana ya te contó que estoy enamorada de Manolo. Pero he decidido actuar como una mujer. ¡Me voy a Nairobi a pegarle a la Lupita esa! Adiós, ya llegó mi taxi”, le dice Luciana y corta la comunicación.

Joel regresa a su casa derrotado. Su madre lo consuela pero él está muy triste. Y cuando quiere ir al baño, resulta que se encuentra a su abuelo dentro y justo acaba de hacer sus necesidades. Joel ingresa pero sale inmediatamente. “¡Ya no soporto esto!”, dice Joel. “Eso te pasa por apresurado, deja que se ventile un poco”, le dice don Gilberto. Joel se va a otro ambiente. Hace su mochila y se lleva unas pocas cosas. “¿Y eso?”, le pregunta Charo. “Me voy a encontrar mi nueva vida. Me voy solo, en busca de mi destino”, dice Joel. Los González sueltan la carcajada. Aparece Shirley y pregunta si alguno ha visto su uniforme. Nadie lo ha visto. La joven decide ir a su trabajo con lo que tiene puesto porque si llega tarde le descontarán.

Viviana descubre que Miguel Ignacio se quedó a dormir en el sofá de su casa. “¿No te dije que te fueras, que no te podías quedar?”, le reclama. “Nos quedamos jugando hasta tarde. Supongo que nos quedamos dormidos y yo me pasé de largo”, responde Miguel Ignacio. Luego toma a Oto y se lo muestra a Viviana quien al instante pierde el mal humor al ver el rostro sonriente del niño. “Ha dormido con su padre, es feliz”, dice en tono amable pero luego se tapa los ojos para no sucumbir ante el hechizo del pequeño.

Fernanda le anuncia a su familia que no desayunará con ellos porque irá a buscar trabajo. Francesca le propone colocarla en un puesto en la constructora pero la joven rechaza la oferta. “Tengo una carrera y si mi papito no se interpone, conseguiré trabajo”, dice y se va. “Yo ya tenía un puesto para Fernandita. Lástima que se fue antes que hiciera un anuncio importante. Carlos y yo nos vamos a casar ya, ya. Esto es algo que debí hecho hace tiempo. Hay que ubicar al juez de paz que te iba a casar”, le dice a Isabella. “¡Yo no pienso llamar a Miguel Ignacio!”, responde. “A lo mejor Lucifer tiene el número del juez de paz”, medita Francesca y luego la llama. Lucifer le dicta el número telefónico del “juez de paz”. “¡Hoy me caso!”, dice Francesca radiante.