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Rubí recibe la llamada de su madre en su celular, llamada que la perturba porque teme que alguien la oiga. “Hijita, tienes que ir a ver a tu madrina. Ella está delicada de salud y tú sabes cómo te quiere y todo lo que ha hecho por ti”, le dice. “¡Ya, ya! ¡Basta! ¡Ya veré qué hago!”, le dice Rubí y le cuelga.

Horas después, la innombrable llega a un penal de mujeres y pide ver a su madrina que aparece poco después en visible buen estado de salud. “Mamá me dijo que estabas mal pero te veo muy bien”, le dice Rubí. “Fue un pequeño ardid para hacer que vinieras a verme, hace mucho que no te veo”, responde la madrina. “Sí, no he tenido tiempo, perdóname”, pide Rubí. “Aprovechando que estás acá te quiero presentar a una amiga”, propone la madrina y le hace señas a otra interna.

La amiga de la madrina se une a la conversación. “Se llama Claudia, es una muy buena persona y a ella le consultamos todo cuando tenemos algún problema y siempre encuentra una solución”, dice la madrina. “Tú eres Rubí, ¿no? Tu madrina nos ha contado todo de ti, sé que te vas a casar pronto”, le dice. Rubí se siente muy en confianza con Claudia que la empieza sonsacar. Y lo peor es que la madrina alienta a su ahijada a que se fíe plenamente de Claudia.

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