Los espías británicos experimentaron con el uso de semen para escribir cartas extremadamente secretas para su organización.

Los espías descubrieron que el semen podía utilizarse como una tinta invisible pues solo brilla intensamente bajo la luz ultravioleta y no reacciona a sustancias químicas de detección.

Las pruebas detalladas están en una entrada del diario escrito durante la Primera Guerra Mundial por un alto miembro del Servicio Secreto de Inteligencia. Walter Kirke escribió que en junio de 1915 Mansfield Cumming, primer jefe del SIS, abrió una investigación de tintas invisibles en la Universidad de Londres, según informó The Sun.

En octubre escribió que las "noticias de C que la mejor tinta invisible era esperma" y que una de sus ventajas es que era fácil de conseguir. Eso sí tenía que ser semen fresco porque quienes pudieran obtener la carta podían detectar su inusual olor.

Estas revelaciones están incluidas en el libro del profesor Keith Jeffery  llamado MI6: The History of the Secret Intelligence 1909 -1949.