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Un jubilado de 84 años guardó en secreto por más de 50 años la cabeza del monarca francés que gobernó Francia entre 1553-1610.

La cabeza del denominado ‘Buen Rey’, por su política de mejorar la calidad de vida del pueblo francés, fue hallada “en buen estado”.

De acuerdo al estudio de BMJ, la cabeza embalsamada aún “tiene cabellos y restos de barba” y "los ojos están semicerrados y la boca está abierta".

Las sofisticadas técnicas empleadas en el estudio identificaron rasgos característicos del rey. Entre ellos "un agujero que indica que tenía un pendiente en el lóbulo de la oreja derecha, lo cual estaba de moda en la corte de los Valois, y una lesión ósea encima del labio superior izquierdo, un vestigio de un tajo que le hicieron al intentar matarlo el 27 de diciembre de 1594", indica la revista especializada.

La separación del miembro del resto del cuerpo de Enrique IV se produjo poco después de la Revolución Francesa. Un historiador del Círculo de Estudios de las Necrópolis Dinásticas y Reales Europeas, Rodolphe Huguet, reveló que un grupo de revolucionarios abrieron el ataúd y "tiraron el cuerpo en una fosa común” lo que produjo el desprendimiento.

Tras doscientos años de espera se unirán el cuerpo y cabeza del monarca. Vale recalcar que el próximo año se llevará a cabo una misa y un funeral como fiesta nacional en Francia.

AFP