El remake de Resident Evil 3 se estrenó el pasado 3 de abril para PlayStation 4, Xbox One y PC. | Fuente: Capcom
Más Consolas

Por: Fernando Chuquillanqui

Periodista, cinéfilo, coleccionista, gamer.

El anuncio del remake de Resident Evil 3 -en diciembre último- sorprendió a muchos, no porque no lo esperábamos -era un secreto a voces que el juego estaba en desarrollo- sino porque el producto estaba tan avanzado que hasta fecha de estreno tenía: 3 de abril.

El proyecto tuvo un desarrollo paralelo al remake de Resident Evil 2, pero por un equipo distinto. Eso aseguró que su lanzamiento quede expedito poco tiempo después de estrenado su antecesor.

Abordar un remake, sobre todo para los fanáticos, es complicado, ya que, por más que te esfuerces, tu cabeza repasa lo vivido com el juego original. Me pasó con Shadow of the Colossus, también con Resident Evil 2. Por ello, intentaré analizar este remake como producto independiente, limitando la comparación con el original a una sección en específico del análisis.

Sin más, comencemos.

Lo bueno

Resident Evil 3 Remake sigue el mismo esquema jugable que su antecesor, es decir, cámara en tercera persona, pero enfocado más hacia la acción. Esto se traduce en un juego con un muy buen ritmo, en el que las acciones fluyen bastante bien, y en el que recorremos varias locaciones de la ficticia Raccoon City.

No es ningún secreto que uno de los protagonistas del juego es Nemesis, esta arma biológica creada por la corporación Umbrella para cazar a los miembros de la unidad S.T.A.R.S. (Special Tactics And Rescue Service) que sobrevivieron a los incidentes de la mansión Spencer (los acontecimientos del primer Resident Evil, para ser más exactos).

En el remake, Nemesis gana mucho protagonismo desde prácticamente los primeros cinco minutos de juego, convirtiéndose en la pesadilla de Jill Valentine. Sin embargo, a diferencia de Mr. X en Resident Evil 2, las apariciones de Nemesis están más ‘guionizadas’ en este juego.

No estamos ante un juego con un gran argumento, pero destaco que hay coherencia y correlación entre las acciones que tomamos, a diferencia de lo visto en el remake de Resident Evil 2. Como siempre en la saga, los textos que encontramos en el escenario nos sirven para profundizar en el argumento y conocer el devenir de los personajes y de la ciudad.

Los gráficos son magníficos, con diseños fotorrealistas y escenarios cargados de detalles. La iluminación también destaca, especialmente en locaciones oscuras en las que avanzamos con linterna en mano. Y, lo mejor, todo corre bastante estable, sin ralentizaciones molestas y con tiempos de carga cortos. Esta es una muestra más del poderío del RE Engine de Capcom.

El remake tiene cierta rejugabilidad, ya que al terminarlo se desbloquea una Tienda en la que podemos comprar trajes y mejoras que nos incentivan a repasar la campaña en una dificultad mayor. Además, si terminamos la campaña en la dificultad Hardcore se desbloqueará el nivel Pesadilla, en el que la ubicación de los enemigos y de los ítems cambiará.

Acá me permito recomendar ir directamente a la dificultad Hardcore, que es muy retadora, para sentir una mejor experiencia. No solo los enemigos son más duros, sino que no tenemos a nuestra disposición tanta munición ni kits de salud.

Los efectos de sonido destacan, con gruñidos y alaridos muy convincentes que mantienen la tensión. También hay un correcto tratamiento de los silencios, alimentando la sensación de soledad. La música me ha gustado mucho, y acá hago hincapié en el magistral remix del ending theme del Resident Evil 3 original. ¡Así da gusto leer los créditos!

Lo malo

Lamentablemente, hablar de este remake sin recordar al original es imposible, y acá es donde más se sienten las diferencias. El argumento se ha tomado demasiadas licencias, al punto que muchos escenarios, enemigos y segmentos del juego original se han perdido.

Esto ya lo habíamos visto en el remake de Resident Evil 2, en el que se perdieron segmentos clave que hicieron grande al juego original. Pero siento que, en esta entrega, se ha agudizado esa tendencia, perdiéndose para siempre momentazos del original como el primer contacto con Nemesis y la muerte de Brad Vickers, o segmentos tan icónicos como los del Cementerio de Raccoon City o la Torre del Reloj.

Otro elemento completamente perdido es el uso de las cintas para grabar nuestros avances en las máquinas de escribir. En el anterior remake, estas estaban reservadas para las modalidades más difíciles, pero en esta entrega se han perdido definitivamente y podemos grabar las veces que queramos.

Tampoco tenemos el sistema de toma de decisiones que diferenció al juego de 1999 de sus antecesores. Aquel sistema no solo se traducía en cambios dentro del juego, sino que hasta podíamos desbloquear un final alternativo. Eso se ha perdido en el remake, que es lineal y sin finales secretos.

Un detalle que no podía dejar pasar es que este remake prácticamente no cuenta con puzles que resolver. Esto sí me parece bastante cuestionable, ya que uno de los atractivos de la saga es precisamente tener estos rompecabezas que nos hacían pensar qué hacer.

Otra víctima de esta ‘mutilación’ -si cabe la expresión- fue el modo Mercenarios del Resident Evil 3 original, aquel en el que controlábamos a varios personajes del juego en recorridos contrarreloj. Lamentablemente, este remake no incluyó esta modalidad. De hecho, no cuenta con otro modo extra, salvo el multijugador, llamado Resident Evil Resistance.

Se trata de enfrentamientos uno contra cuatro, en el que un jugador asume el rol de un personaje llamado Cerebro, que ha secuestrado a cuatro personas y las ha puesto en una determinada locación con el objetivo de poner a prueba las armas biológicas de Umbrella. Los secuestrados deben coordinar entre ellos para superar las pruebas.

Quienes hayan jugado Friday the 13th: The Game, se podrán dar una idea de la propuesta jugable que es Resistance. Particularmente, no encontré mucho incentivo como para pasar mucho tiempo en esta modalidad.

Lo feo

Pasar el juego en la dificultad Hardcore me demandó poco más de siete horas, pero investigando, dándome tiempo de leer los textos y recolectando los secretos del juego. Sin embargo, no es exageración decir que -sabiendo a dónde ir y obviando las secuencias de relleno- podrías terminar la campaña en menos de dos horas, si es que no en menos tiempo.

Conclusión: El remake de Resident Evil 3 me ha dejado sensaciones encontradas, ya que tiene cosas muy llamativas, como su impecable jugabilidad y su soberbio apartado gráfico y técnico. Además, hay momentos muy intensos cuando estamos huyendo de Nemesis, aunque se sientan ‘guionizados’, como detallo en el análisis. Lamentablemente, todo esto contrasta con una campaña de corta duración, la ausencia de modos extra y un multijugador no tan convincente. Además, si hacemos la odiosa comparación con el juego original, notaremos que el remake ha dejado mucho de lado, tanto a nivel argumental como de opciones jugables. No es una decepción per se, pero sí esperaba mucho más esta entrega.

Y ustedes, ¿ya jugaron el remake de Resident Evil 3?, ¿qué opinan de este lanzamiento?