Luces de terremoto en México
Las luces eran esporádicas e iluminaban el cielo de las ciudades mexicanas. | Fuente: Twitter

Durante la noche del jueves 7 de septiembre, México fue asolada por un gran sismo de magnitud 7.1 que azotó el país. Durante estos segundos de terror, los mexicanos, quienes también están sufriendo una fuerte lluvia, vieron brillos en el cielo, generándoles una gran preocupación extra en medio del siniestro.

Algunas personas creyeron que las luces en realidad eran consecuencia del rompimiento de cables eléctricos. Sin embargo, hay una explicación científica que tiene como nombre a la triboluminiscencia.

Qué es la triboluminiscencia y por qué se manifiesta en sismos

La triboluminiscencia se define como un fenómeno óptico que se produce tras el choque de minerales o rocas en la superficie durante un sismo de gran magnitud.

Este evento, también llamado “luces de terremoto”, produce una gran carga eléctrica en el suelo que asciende y choca con la atmósfera, en un efecto visible en condiciones nocturnas por las personas.

“Las ondas sísmicas llegaron y por algún mecanismo transfirieron esta energía a emanaciones de cargas eléctricas. Estas cargas han aflorado y han producido luminiscencia en el cielo”, explicó Jorge Heraud, director del Instituto de Radioastronomía de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), a RPP Noticias en referencia al terremoto que asoló Perú en el 2007.

Friedemann Freund, científico de la NASA, descubrió en 2001 que “si el nivel de estrés (entre las rocas) es alto, aparecen cargas electromagnéticas que transforman momentáneamente la roca aislante en un semiconductor”.

"Cuando una poderosa onda sísmica atraviesa el suelo, comprime las rocas con gran presión y velocidad, creando condiciones bajo las cuales se generan grandes cantidades de cargas eléctricas positivas y negativas. Estas cargas pueden viajar juntas, alcanzando lo que se llama un estado de plasma, que puede estallar y dispararse al aire", señalaba. Las cargas son veloces, con una rapidez de hasta 300 metros por segundo.

Pero con que haya un sismo fuerte no es suficiente para que se produzcan estos fenómenos. Además de ser un movimiento telúrico clasificado a partir de la escala 5 o 6 en grados Richter, debe ser superficial para que la carga pueda ascender rápidamente al cielo. Claro está que ser producirse durante la noche facilitará la visualización óptica.

Cabe recordar que este sismo tuvo su epicentro 11 km al sureste de Acapulco, Guerrero, sureste de México.

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