“Pinocchio”: Reseñamos la versión 'live-action' de la marioneta de madera

Estrenada en el 2019 y nominada a los premios Oscar a mejor diseño de vestuario y mejor maquillaje en el 2020, la nueva adaptación de “Pinocchio” ha llegado a la cartelera comercial. Aquí va nuestra crítica de esta fascinante versión del muñeco de madera.

"Pinocho" en versión 'live-action' ya se encuentra disponible en la cartelera peruana. | Fuente: Difusión

Por Renato León.

Todas las versiones cinematográficas de Pinocho tenían algo en particular: a pesar de ser un relato de episodios terroríficos con fines aleccionadores, se concebía desde la ternura y la fantasía. Sin embargo, “Pinocchio”, película del italiano Matteo Garrone (“Dogman”, “Gomorra”, “ The Tale of Tale”) del 2019 que se encuentra en cartelera, posee una atmósfera sombría y pesadillesca, con personajes carnavalescos y variopintos tan atractivos como los creados por Federico Fellini. Una consistente mezcla que seducirá más a adultos que a niños.

El argumento es de por sí conocido. El carpintero Geppetto (Roberto Benigni) crea una marioneta de madera a la que llamará ‘Pinocho’ (Federico Ielapi). Este cobrará vida y tendrá como único deseo el convertirse en un niño de carne y hueso. Su majadería y rebeldía lo llevarán por caminos oscuros y peligrosos. Sus malas, y por momentos ingenuas decisiones, le impedirán cumplir lo que tanto anhela. Una historia que tiene un lado (a)moral y conservador: el mentir y portarse mal tiene graves consecuencias.

Impecable la dirección de arte y la fotografía de “Pinocchio”, con la construcción de una Italia de aspecto lúgubre y mísero, digno del neorrealismo italiano, donde los avances de la era digital se dejan ver en la elaboración de imágenes de la cinta, pero también pueden notarse los recursos de la vieja escuela como en el maquillaje o vestuario. Fascinantes sus personajes como el “Zorro” y el “Gato”, tan inquietantes como torpes, que son capaces de hacer sufrir al pequeño muñeco de madera en medio de la oscuridad. O el cochero, de aspecto tierno, pero con un maléfico plan. O las marionetas del teatro, de apariencia escalofriante, pero con un gran corazón.

Un aspecto débil de “Pinocchio” radica en la actuación de dos actores principales. Ahí están Roberto Benigni y Marine Vacht, el primero con su reconocida sobreactuación, y la segunda sin convicción ni valor emocional que requeriría. Son baches notorios, pero que no afectan duramente al conjunto de la cinta.

Por todo lo antes expuesto, “Pinocchio” se posiciona desde ya como uno de los mejores estrenos del año.

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