Eugenio Trías, 80 años

Eugenio Trías (1942-2013) fue, probablemente, uno de los pensadores hispanohablantes más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Capaz de arropar sus argumentos y deducciones con una prosa seductora no muy frecuente entre filósofos, Trías se desplazó con solvencia por diversos problemas filosóficos, siempre inmerso una sensibilidad estética de la hacía gala con naturalidad. He aquí un breve homenaje.

Una de las cosas que llama la atención desde que leemos las obras tempranas de Eugenio Trías, aquellas que publicó alrededor de su treintena de años, era su impresionante capacidad expositiva, su atrevimiento a reflexionar con una enorme libertad y vastísima cultura de la que hacía gala. Por ejemplo, en su obra germinal, La filosofía y su sombra (1969), escrito a unos asombrosos 26 años, Trías se distanciaba críticamente de la filosofía imperante en los años sesenta del siglo XX, dominada por la teoría critica marxiana en sus diversas variables y la analítica más cientificista, y apostaba por una relectura comprensiva de la obra de Nietzsche, donde todo el saber filosófico caminaba al lado, en el límite, con el no saber filosófico. Trías no caía en un relativismo nihilista como buena parte de los “filósofos” postmodernos. Más bien, se trataba de una interesante llamada de atención a reconocer los límites y espacios. Estos tópicos, fueron ampliados en sus obras Filosofía y carnaval (1970) y Metodología del pensamiento mágico de 1971.

En otras obras de su periodo de juventud, como Drama e identidad (1973) y El artista y su ciudad (1975), Trías hacía gala de su portentosa cultura artística, literaria y musical, desarrollando planos de interpretación entre el espacio y la práctica creativa, uniendo tópicos intelectuales, políticos, e histórico culturales con una solvencia asombrosa. Justamente El artista y su ciudad, fue galardonado al premio mejor ensayo de Editorial Anagrama de 1975, en cuyo jurado estuvo Mario Vargas Llosa.

Entre los siguientes años, Trías continúo desarrollando una constante producción intelectual, en la cual destacan Lo bello y lo siniestro (1981), uno de sus libros de mejor trabajados, colocando a la filosofía estética en diálogo con las artes de nuestro tiempo al modo “fronterizo”, como le gustaba llamar a su método filosófico. También, tienen un lugar relevante, La edad del espíritu (1994), La razón fronteriza (1999) y el Hilo de la verdad (2004), entre otros, imprescindibles volúmenes.

Sin embargo, la obra de Eugenio Trías llegaría a su máxima expresión con sus “opus magno”, los soberbios tratados de filosofía de la música, El Canto de las sirenas: argumentos musicales (2007) y La imaginación sonora (2010). En ambos libros, Trías hizo gala de su oceánica cultura musical, realizando interpretaciones filosóficas de las obras de grandes compositores como Monteverdi, Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Mendelssohn, Wagner, Brahms, Mahler, Schönberg y Xenakis, demostrando lo que varios asumimos y creemos, que la gran música es altamente reflexiva y especulativa, “un logos sonoro y una gnosis de lo real”.

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En 1995, el filósofo español nacido en Cataluña, recibió el premio internacional Nietzsche, galardón que han recibido otros filósofos de la talla de, Karl Popper, Richard Rorty, Michell Walser y Agnes Heller. Asimismo, entre otros premios y honores, el 2003, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, le concedió el doctorado “Honoris Causa”. En aquella oportunidad es insigne filósofo dijo: “Quiero ante todo expresar la profunda satisfacción que este Doctorado Honoris Causa me produce, pues constituye para mí un motivo de orgullo recibir esta distinción tan relevante por parte de la decana, en antigüedad y prestigio, de todas las universidades hispanoamericanas, esta hermosa y casi legendaria Universidad de San Marcos que en el día de hoy me acoge como formando parte de su comunidad universitaria. Esta distinción de la que me siento tan honrado, ha permitido que por vez primera pudiera conocer este querido país, que desde mi infancia y mi juventud había deseado visitar, ya que me unen a él vínculos personales y hasta familiares”. Como escribió alguna vez Trías, toda su obra se debió a esa “funesta manía de pensar” en su juventud.

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