Carmen Posadas presenta “La maestra de títeres”: “En este libro nada es lo que parece”

El nuevo libro de la escritora uruguaya ya se encuentra en la FIL Lima 2019. RPP Noticias conversó con su autora sobre la protagonista de su nueva entrega, Beatriz Calanda, sobre el rol del feminismo en la actualidad y acerca de su proceso para escribir. 

Carmen Posadas presenta "La maestra de títeres". | Fuente: Difusión y RPP

Carmen Posadas siempre ha sido muy tímida. Cuando era pequeña, si le pedían que hable con alguien “se le derramaba la Coca Cola y tartamudeaba”. Así, mientras sus hermanas bailaban y contaban chistes en frente de toda la familia, ella se encerraba en su cuarto a escribir en su diario sus más profundos secretos, sin saber que años después se convertiría en una exitosa escritora y recibiría el Premio Planeta por su libro “Pequeñas infamias”.

Saber esto es crucial para entender la obra de la escritora uruguaya, pues aunque considera a la timidez como “una enfermedad crónica sin cura” que solo se puede disimular, está segura de que es lo mejor que le pudo haber pasado: desde el lugar privilegiado que le otorgaba su timidez podía observar a los demás, preguntarse todo sobre lo que ocurría en su entorno y reinventarse cada vez que tenía que mudarse, porque vivió en Argentina, España, Inglaterra y hasta Rusia en su niñez y adolescencia.

Rodearse de tantas realidades y conocer de cerca la exclusiva y hermética sociedad madrileña le permitió construir una mirada especial sobre el mundo, esa que se evidencia en su más reciente entrega: “La maestra de títeres”, un libro con el que busca retratar la vida exagerada y excesiva de su protagonista, Beatriz Calanda, y su relación con su madre.

Desde muy pequeña te enfrentaste al cambio. Naciste en Uruguay, pero viviste en varios países latinoamericanos y europeos ¿De qué manera influyó esto en tu labor como escritora?

He tenido la suerte de vivir en muchos países distintos y eso, para la vida de un niño, es complicado porque te cambian de colegios, te cambian de amigos y de ambiente cada cierto tiempo; sin embargo, para la literatura es perfecto porque uno conoce un montón de realidades, así que agradezco la vida que he tenido y que me ha ayudado mucho en mi carrera.

Sin embargo, has revelado alguna vez que eras muy tímida. ¿Cómo lograbas adaptarte a cada lugar nuevo?

Veía mi timidez como una oportunidad, porque era una niña muy tímida que cuando la miraban se tiraba encima la Coca Cola y tartamudeaba. Entonces me decían: “bueno Carmencita, ahora que vas a ir a otro país vas a ser mucho más simpática, vas a salir más y vas a tener más amigos”. Entonces, cada nueva vida me la imaginaba casi como una reencarnación. Cuando uno cambia de país puede reinventarse y eso es lo que yo intentaba cada vez que me mudaba.

¿Y eso te ayudó a desprenderte de esa timidez?, ¿o la conservas aun?

No sé si me ayudó a desprenderme de ella porque creo que la timidez es una enfermedad crónica. Uno nunca se cura de ella; lo único es que aprendes trucos para que no se note. Pero me ha sido muy útil porque, primero, los tímidos somos mucho más observadores que los participantes. Los participantes son muy simpáticos en la vida y todo el mundo los quiere mucho porque son graciosos y cuentan chistes y todo lo demás; pero los observadores (que nos quedamos detrás) vemos la vida con una distancia que para la literatura es muy útil. Te das cuenta de muchas cosas e incluso te ríes de las tonterías que la gente hace.

Qué más se necesita para escribir aparte de observar las pequeñas cosas.

Creo que, para escribir, no hace falta ser extraordinariamente inteligente… y la prueba es que hay algunos escritores bastante bobos. Tampoco hay que tener abundante cultura, porque esas personas quieren meterlo todo en los libros y, al final lo que hace es abrumar al lector con un montón de datos, fechas, batallas que a veces ni interesan. En realidad, creo que hay dos cualidades imprescindibles: primero, ser una persona muy curiosa; alguien que todo el tiempo se está preguntando… “¿y esa maleta que está ahí?, ¿de quién será?” o “Ese niño que llora, ¿por qué llora?”; y la segunda es ser un gran lector.

¿Qué implicó para tu carrera como escritora ganar el Premio Planeta por tu novela “Pequeñas infamias”?

Para mí hay un antes y un después del Premio Planeta. Antes me traducían a cuatro o cinco idiomas; ahora a 25 y mi obra se vende en muchos países. Fue un despegue grande e importante. Le debo todo a ese premio. Otro reto también es que, a partir de ese momento, te tienes que mantener: yo lo gané hace 20 años así que esto no es una carrera de fondo, es la maratón.

La FIL Lima 2019 se inauguró con el escritor peruano ganador del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, en una mesa de que ha generado polémica, pues no había una sola mujer. ¿Qué piensas de esto?

El hecho de que se señale ya es positivo, porque antes era lo normal y a nadie le llamaba la atención. Es positivo que la gente diga: “¡pero cómo es posible que no haya mujeres!”. Esto quiere decir que el próximo año, posiblemente, participen. El fenómeno “Me too”, que inició con mucha fuerza el año pasado, hizo que la gente conozca cosas que todas las mujeres sabíamos: muchas sufren de acoso sexual en su trabajo y en su vida personal. Pero también es verdad que ha surgido una especie de feminismo furibundo con el que yo no estoy de acuerdo, porque creo que la causa feminista no se defiende, por ejemplo, cambiando el nombre de los meses —como quieren hacer en España—: enero va a ser enera y febrero febrera y así. Eso es lo que propone una universidad en concreto. Como la propuesta es tan grotesca a veces se vuelve en contra de las mujeres.

¿En qué ámbito tiene que estar la pelea de las mujeres?

La pelea de las mujeres tiene que estar en equiparar los sueldos, por ejemplo; en ayudar a que las mujeres puedan conciliar su vida laboral con su vida familiar, porque si a una mujer le das a elegir entre ambas, muchas de ellas van a elegir el hogar y eso es muy injusto.

Justamente en una entrevista hablaste del prejuicio que hay con las mujeres que no dan de lactar por un largo tiempo. Se les juzga. ¿Cómo combates estos estereotipos que tanto daño nos hacen a través de la escritura?

Coexisten con el “Me too” y los movimientos feministas, personas que operan bajo la teoría de que las mujeres tienen que dar de mamar a sus hijos hasta los dos años. Eso no se lo puede permitir ninguna mujer trabajadora; es algo que solo se pueden permitir las élites: las mujeres que están en la playa tomando el sol. Además, le crean una especie de sentido de culpa a las mujeres que no lo pueden hacer.

Tú escribiste un artículo sobre eso.

Sí, casi me matan algunas feministas. El artículo se llamaba “Zavalita y las feministas”, por el famoso libro de Mario Vargas Llosa, “Conversaciones en la Catedral”. Yo pensaba: “¿cuándo se nos jodió el feminismo que ahora buscan que las mujeres den de lactar a sus hijos hasta los dos años?". Eso lo que hace es regresar a las mujeres al hogar, porque no es compatible con la vida laboral. Creo que no se pueden proponer cosas completamente absurdas que lo que hacen es que las mujeres se sientan más culpables.

El feminismo es necesario, pero también es necesario realizar una autocrítica sobre cómo evoluciona el movimiento y sus demandas con el paso del tiempo.

Hay algunas feministas que se han querido apropiar del feminismo y existe esto de “tú eres feminista, tú no; tú sí puedes opinar, tú no” y si alguien no esta de acuerdo con los mandamientos se quedan fuera. El feminismo es mucho más amplio que eso, se puede defender desde muchas posturas y creo que estas intransigencias son precisamente lo que nos hace caer en el machismo.

Presentaste el sábado 20 tu más reciente libro “La maestra de títeres”, un libro con el que has buscado reflejar a la sociedad elitista madrileña. Además de ser “exclusiva y hermética” —como la describes—, ¿qué más la caracteriza?

A través de la historia de las dos mujeres protagonistas de la obra yo quise hacer un retrato de cómo ha evolucionado la sociedad desde los años 50 hasta el presente. Son dos historias que se van entrelazando y, al final, convergen en un misterio en el que todo lo que creías que era de una manera, es de otra. En este libro nada es lo que parece.

Una de las protagonistas es Beatriz Calanda, una gran dama de la “jet-set” madrileña.

Beatriz Calanda es un personaje de las revistas del corazón. Tendría que haber dicho una influencer, porque es el epítome de lo que yo quería retratar. Es ese tipo de persona que no tiene ningún mérito en la vida: no canta, no baila, no escribe ni nada por el estilo; pero vende su vida y vive muy bien de esta historia. Es ese tipo de persona que crees que lo sabes todo de ella, como las influencers… qué desayunan por la mañana, cuál es su rutina de gimnasia, cuántos hijos tiene, cuánto calza y, sin embargo, ellas fabrican toda una historia sobre sí mismas que es completamente mentira. Vivimos en un mundo de tal sobredosis de información que, al final, lo que se consigue es la desinformación.

¿Qué querías reflejar con el personaje de Beatriz?

Yo quería reflejar un personaje actual, porque se convierten en un referente social. Sería como las Kardashians. ¿Qué han hecho para que todo el mundo esté pendiente de ellas? Absolutamente nada.

De todos modos, declaraste que sentías una debilidad por este personaje.

Sí, porque me produce una cierta ternura, pero mi personaje favorito de la novela no es Beatriz Calanda; sino su madre. En la novela hay un personaje positivo y otro negativo. Una es una persona fría, calculadora, que sabe muy bien lo que quiere y cómo conseguirlo y la otra es soñadora, romántica, comprometida. Entonces, a través de estas dos mujeres tan distintas quise hacer un retrato de la sociedad actual.

¿El hecho de que la madre sea tan soñadora y romántica influyó en que Beatriz sea todo lo opuesto?

Sí, eso lo tengo bastante observado. De madres muy estrictas a veces salen hijas permisivas o viceversa. En este caso, Beatriz Calanda piensa que su madre ha sido demasiado generosa y ella decide endurecerse voluntariamente.

¿Qué escribías de pequeña en tu diario cuando te escondías en tu cuarto?

Por suerte perdí ese diario porque es una cosa bochornosa, pero yo le debo mucho a mi infancia, porque iba a mi cuarto y escribía este largo y lacrimógeno diario, que fue le comienzo de mi vocación literaria.

En una entrevista con “La Nación” dijiste que prefieres no esperar nada de nadie para no decepcionarte.

Yo soy muy de esa teoría. Creo que si no esperas nada de nadie la vida siempre te da sorpresas agradables. Si todo el tiempo estás esperando cosas de los demás, probablemente nunca estén a la altura de tus expectativas. Yo no espero nada y la vida me da sorpresas agradables todo el tiempo.

¿Qué sorpresas agradables te han dado tus libros?

Muchas. Desde reencontrarme con gente, por ejemplo, en Galicia me encontré con un señor que había sido el fotógrafo de mi primera comunión y se acordaba de mí. Me refiero a reencuentros con gente que de repente jamás podrías reencontrar. Y después también me importa la gente que se me acerca y me dice que algún que algún libro mío le ayudó en un momento muy difícil. Hace poco una señora me dijo que le regaló mi libro a su hija -con la que no mantenía comunicación— y nos ha vuelto a unir. Eso es maravilloso, ¿qué más puedo pedir que ayudar a la gente de esa manera tan indirecta y, de alguna forma, cambiar sus vidas?

¿Qué le dirías a las mujeres peruanas que van a comprar tu libro en la FIL Lima 2019?

Que se van a encontrar un libro que las va a hacer reflexionar, que las va a hacer sonreír y las va acompañar. Lo maravilloso de la literatura es que, a través de ella, uno llega a entender muchas cosas sobre uno mismo que, de otra manera, no entendería. La literatura va al corazón de las personas. Si yo consigo tocar —un poquito— el corazón de alguien para mí es una enorme satisfacción.

¿Volverás a escribir libros para niños?

Cada dos o tres años escribo un libro de literatura infantil, yo empecé mi carrera en ese rubro. Y, además, creo que es importante apoyar a los lectores que están empezando. Creo que ya toca y que esta vez pensaré en las niñas.

¿Qué hace por estos días Carmen Posadas?

Estoy empezando a escribir una nueva novela, así que voy a tener que trabajar muy duro y viajar menos —aunque hacerlo me da la oportunidad de conocer tantos lugares y personas—. Yo tengo una vida a dos velocidades: una parte es cuando salgo, hablo, doy charlas y, luego, como un cangrejo, me vuelvo a meter en mi caparazón y me toca escribir y estar en casa.

¿Cómo es ese encierro?

Tengo un cuarto especial sin música. Nada de ruidos. Me pongo de espaldas a la ventana (porque tengo una vista maravillosa y sino me da la tentación de salir) y escribo desde temprano en la mañana hasta la hora de comer. Por la tarde me dedico a leer, pero esta rutina se me está estropeando porque tengo cinco nietos que están monopolizando mi tiempo de lectura. Pero siempre encuentro el momento. Siempre. 

 

 

 

 

 

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