RPP/ Juan Cabrejos Becerra

El 30% de todo el licor que se consume en el Perú es ilegal, es decir contiene alcohol no apto para el consumo humano, artesanal o de contrabando, reveló un estudio elaborado por la consultora Euromonitor International en seis países de Latinoamérica.

De esta manera, nuestro país se convierte en el mercado más tolerante con este flagelo comparado con Colombia, Ecuador, El Salvador, Honduras y Panamá. Se estima que los peruanos consumen  1,8 litros de alcohol ilegal al año.

Según el estudio, el alcohol ilegal es un problema grave en el Perú, y su crecimiento está impulsado por el efecto combinado de ciertas políticas públicas, impuestos muy altos y falta de controles.

Las principales formas de alcohol ilegal son el llamado “trago bamba” o alcohol adulterado, que contiene alcohol etílico industrial, y representa riesgos para la salud de los consumidores; y el contrabando, que aumenta la pérdida fiscal para el país.

La comercialización de alcohol ilegal es un gran negocio. Las ventas totales de este mercado ascienden a US$ 726.4 millones.

Asimismo, los impuestos que dejan de pagar quienes venden alcohol ilegal en el Perú generan una pérdida fiscal anual de US$ 118 millones para el Estado, señaló Euromonitor.

Los productores ilegales, muchas veces asociados a verdaderas mafias, se aprovechan de la disponibilidad de etanol que hay en el país, sobre todo para el relleno de botellas.

Tres cuartas partes del contrabando son de esta materia prima que ingresa fácilmente al país debido a los débiles controles fronterizos.

El estudio también muestra que 3 de cada 5 botellas de alcohol ilegal que se consumen en el país son adulteradas, lo que supone graves riesgos para la salud ya que se adulteran las bebidas originales con alcohol barato u otras sustancias. 

Adicionalmente, el 20% del alcohol ilegal en Perú se fabrica artesanalmente sin ninguna verificación sanitaria. Estas bebidas, tales como vinos artesanales, chicha de jora y masato tienen un costo de US$3,4 por litro, lo que hace que los consumidores las prefieran a pesar de no contar con un proceso de producción que garantice su higiene.

Si bien hay bebidas artesanales que cumplen con todas las garantías, en el caso de las artesanales ilegales, la baja calidad de los ingredientes y las malas condiciones sanitarias con que se fabrican son una amenaza para la salud de quienes las consumen.