Un violento remate desde fuera del área de Firmino dio la victoria (1-2) a una selección brasileña, que ofreció más oficio que buen fútbol ante una combativa Austria.

Este sexto amistoso del Brasil de la nueva era de Dunga (tras el fracaso del pasado Mundial) quedará en las estadísticas como el primero en el que encajó un gol, un penal transformado por Aleksandar Dragovic al minuto 75.

Austria planteó un partido intenso y físico, con la idea de presionar las líneas de pase brasileñas y aprovechar la velocidad de sus extremos.

Las jugadas más peligrosas de la primera mitad fueron austríacas, especialmente por la hiperactividad del extremo Marko Arnautovic por la izquierda.

A partir del minuto 60, Brasil impuso su ritmo en el centro del campo y empezó a dominar el partido. En una acción de Firmino que salió a córner llegó el gol de David Luiz.

El saque de esquina de Oscar lo remató a la red el central del París Saint-Germain tras quitarse de encima a Stefan Ilsanker en un forcejeo en el que el árbitro podría haber pitado falta.

Con Austria ya desfondada y aturdida por los cambios, llegaron unos buenos minutos de un equipo de Brasil que necesita espacios y velocidad para mostrar su mejor cara.

Austria, por medio de Arnautovic, tuvo una posibilidad con un disparo desde dentro del área que salió alto.

Cuando parecía que el partido quedaría en tablas, Firmino soltó un latigazo desde fuera del área en una jugada aislada que se coló por la escuadra izquierda austríaca. La calidad individual decantó el duelo.

EFE