Medio argentino recordó un relato de Mario Vargas Llosa inspirado en el serpetín Pasamayo

Las sinuosas curvas, los grandes abismos y la neblina que impide ver la carretera, son los factores que lo hacen una de las rutas más peligrosas del Perú.
Mario Vargas Llosa obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 2010. | Fuente: Andina

Más de cincuenta personas murieron el pasado martes cuando el bus en el cual viajaban se desbarrancó desde el serpentín Pasamayo hacia un abismo de 100 metros de profundidad. Este accidente se suma a la larga lista de tragedias ocurridas en esta vía a lo largo de su historia.

La literatura no ha sido ajena los peligros de la llamada 'Curva del diablo'. En 1967, el novelista peruano Mario Vargas Llosa usó este mismo camino como destino final de 'Pichulita' Cuellar, el protagonista de su cuento Los Cachorros. El portal argentino Infobae recordó el pasaje final de este relato, a propósito de la reciente tragedia.

"Cuéllar ya se había ido a la montaña, a Tingo María, a sembrar café, decían, y cuando venía a Lima y lo encontraban en la calle, apenas nos saludábamos, qué hay cholo, cómo estás Pichulita, qué te cuentas viejo, ahí vamos, chau, y ya había vuelto a Miraflores, más loco que nunca, y ya se había matado, yendo al Norte, ¿cómo?, en un choque, ¿dónde?, en las traicioneras curvas de Pasamayo, pobre, decíamos en el entierro, cuánto sufrió, qué vida tuvo, pero este final es un hecho que se lo buscó".

Una vía peligrosa

Pero esta no es la única vez que el escritor relata un pasaje que incluya a esta peligrosa ruta. En su libro Conversación en la catedral, también se menciona un hecho similar cuando Zavalita y su grupo de compañeros fueron a cubrir una comisión periodística en el norte peruano. 

"Periquito se sentó junto a Darío y Santiago se tendió en el asiento de atrás y se durmió casi en seguida. Despertó cuando entraban a Pasamayo. A la derecha dunas y amarillos cerros empinados, a la izquierda el mar azul resplandeciente y el precipicio que crecía, adelante la carretera trepando penosamente el flanco pelado del monte. Se incorporó y encendió un cigarrillo; Periquito miraba alarmado el abismo.

-Las curvas de Pasamayo les quitaron la tranca, maricones -se rió Darío.
-Anda más despacio -dijo Periquito-. Y como no tienes ojos en el cráneo, mejor no te voltees a conversar.

Darío conducía rápido, pero era seguro. Casi no encontraron autos en Pasamayo, en Chancay hicieron un alto para almorzar en una fonda de camioneros a orillas de la carretera. Reanudaron el viaje y Santiago, tratando de dormir a pesar del zangoloteo, los oía conversar". 

Mario Vargas Llosa escribió Los Cachorros en 1967. Cincuenta años después, el serpentín Pasamayo sigue siendo igual de tenebroso como en sus relatos. | Fuente: EFE
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