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El expresidente del Gobierno español Adolfo Suárez fue protagonista de la transición a la democracia desde la dictadura franquista, puesta como modelo en numerosos países de Latinoamérica que siguieron esa misma vía a partir de los años 80.

Suárez, de 81 años, falleció hoy en Madrid y fue jefe del Ejecutivo español entre 1976 y 1981, años en los que se pusieron las bases de la reforma política que condujo al país desde la dictadura franquista (1939-75) hasta la apertura democrática, con la instauración del sistema de libertades.

Su gestión no estuvo exenta de críticas en España pero, con la aceptación del resto de líderes políticos, generó un clima de consenso necesario para superar años difíciles, caracterizados por una fuerte presencia del terrorismo y desfavorables datos económicos.

GESTIÓN ECONÓMICA

Para ello se gestó en 1977 un pacto económico conocido como "de La Moncloa", en alusión a la residencia del presidente del Gobierno, con medidas para contener el desempleo, reducir el déficit de la balanza de pagos y rebajar la inflación, que entonces era del treinta por ciento.

El consenso de tipo político dio como resultado la Constitución de 1978, aún en vigor, que implantó un régimen de libertades.


MIRADA A AMÉRICA LATINA


Esas vías fueron conocidas como el modelo español de transición, observado con interés en diferentes países latinoamericanos que se incorporaron a la democracia en los años 80 después de períodos de dictaduras.

Durante sus años de gobierno Adolfo Suárez no fue un político muy viajero, ya que fueron años en los que la actividad política en España requería sus principales esfuerzos, pero sí estuvo en visita oficial en países como México, Brasil, Ecuador, República Dominicana, Perú, Colombia, Venezuela o Estados Unidos.

A finales de 1989 Adolfo Suárez fue elegido presidente de la Internacional Liberal y Progresista, cargo en el que estuvo casi dos años para después quedar como un miembro más del comité ejecutivo.

Su misión fue extender la ideología liberal en América Latina, donde, aunque ya llevaba años fuera del poder, era visto como el muñidor de la transición democrática española.

En abril de 1990 Suárez viajó a Nicaragua para asistir a la toma de posesión de Violeta Chamorro como presidenta en sustitución de Daniel Ortega.

Se trataba de una viaje que, encabezado por el ministro español de Exteriores de la época, Francisco Fernández Ordóñez, contó con la presencia del propio Suárez, de la dirigente socialista Elena Flores y del entonces líder del Partido Popular, José María Aznar, que años después sería presidente del Gobierno.

La imagen de esos políticos de distinta ideología juntos pretendía ser la representación de la transición española y un ejemplo para los numerosos líderes latinoamericanos con los que se entrevistaron en esos días.

Al regreso del viaje y en una conversación en confianza con los periodistas españoles que les acompañaron, Suárez se mostró satisfecho y llegó a decir que hacía tiempo que no se había sentido tan útil.

Admitía así que su acción en favor de la democracia en España podía ser un factor de interés para quienes empezaban a vislumbrar esa misma vía en otro continente.

EFE