EFE

El Apartheid, el nombre de la desunión, palabra maldita contra la que se alzaron un grupo de hombres (liderados por el más grande) cansados de la torpeza humana. Se trató de un sistema jurídico, impuesto por la minoría blanca, que separaba a la población sudafricana por el color de la piel. Los defensores de esta medida basaron estas leyes aduciendo que los negros pertenecían a estados independientes y no eran "verdaderos" sudafricanos.

Cuando en 1948 el partido de los afrikáneres (de origen neerlandés) asume el poder, el nuevo presidente de Sudáfrica, el calvinista Daniel François Malan, brinda un discurso que revelaba el futuro de Sudáfrica. “Hoy día Sudáfrica vuelve a ser nuestra, Dios quiera que sea nuestra siempre”, expresaba en su primer mensaje a la Nación.

Las leyes discriminatorias

Las primeras normas del gobierno de los blancos fueron dictadas a partir del año 1949. El gobierno de Malan prohibió los matrimonios interraciales y estableció que las relaciones sexuales entre blancos y negros constituían un delito.

En la década del 50 del siglo XX, el gobierno presidido por el Partido Nacional afrikáner emitió una serie de leyes que establecían la preeminencia de la minoría blanca (Population Registration Act) y la creación de territorios reservados para los negros (Group Areas Act).

En diversos lugares públicos, como mercados y el transporte, se establecieron zonas exclusivas para los blancos. Los restaurantes y hoteles solo admitían la entrada de un negro cuando era un empleado del establecimiento.

Los negros estaban obstaculizados de ejercer diversos derechos civiles como votar, afiliarse a sindicatos y administrar empresas. Asimismo, no tenían acceso a la educación secundaria.

En 1960, el gobierno obligó a más de tres millones de negros a abandonar sus hogares y dirigirse a los llamados bantustanes (estados independientes). En su apogeo, el apartheid consignó que los negros dejaban de ser ciudadanos para ser considerados como extranjeros que debían transitar con pasaporte en su propio país.

Papel de la comunidad internacional

Analistas e historiadores coinciden en que Estados Unidos y Gran Bretaña permitieron el apartheid durante la Guerra Fría. Estos países supuestamente vieron como un aliado a Sudáfrica por su papel contra la comunista Unión Soviética.

Al terminar ese periodo de la historia, en la década de los 80 y la caída del Muro de Berlín, se precipitó el declive del apartheid. Países como Australia y Canadá comenzaron a imponer sanciones económicas y medidas aislacionistas.

En 1985, el Consejo de Seguridad de la ONU exigió a los estados miembros adoptar sanciones económicas contra Sudáfrica. Incluso Estados Unidos y Gran Bretaña se unieron al bloqueo contra el país africano.

En 1990, el nuevo presidente de Sudáfrica, el reformista F.W. de Klerk, liberó al líder del brazo armado del Congreso Nacional Africano, Nelson Mandela, quien había sido condenado a cadena perpetua. De esa manera, empezaba una nueva historia para el país.