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La gran carrera hacia el éxito, las presiones que impone el mundo laboral tan competitivo, así como la ausencia de grupos de apoyo familiar o comunitario, son algunas de sus fuentes. La lista se extiende al pensar en los conflictos en el hogar, los problemas económicas, los quebrantos físicos, las expectativas poco realistas sobre uno mismo o sobre otros y un sin fin de males más.

Esta estrés nos afecta a todos sin importar edad, sexo o condición social. Los grados moderados de estrés son necesarios y nos motivan para avanzar por la vida y responder a las demandas diarias. Pero no podemos vivir en un estado de estrés permanente.

Es necesario decir que la manera en que reaccionamos ante las presiones de la vida varía de una persona a otra. Porque no son las circunstancias que nos ocurren, en sí mismas, las que causan la tensión, sino la manera en que las interpretamos. De dos personas despedidas de sus empleos, una se desespera al pensar en sus compromisos, mientras que la otra dice - perdí este trabajo, de seguro me está esperando otro mejor- y sale a buscarlo. Como vemos no es el hecho en sí, sino la manera en que lo percibimos lo que más nos afecta. La actitud mental con que enfrentemos la vida es determinante.

El estrés afecta la salud familiar. Es muy difícil padecer de estrés sin que otros lo padezcan. El portador o portadores lo contagian. y esparcen. Con frecuencia llevamos a la casa el estrés del trabajo o de la calle y hacemos que el cónyuge o los hijos paguen por situaciones que le son ajenas.

El hombre tiende a: alejarse, renegarr y encerrarse en sí mismo ya atención hacia ella y piensa que su relación está en peligro. Pero es simplemente la reacción masculina al estrés. Los síntomas en la mujer son: agobio, reacciones exagerada por cosa pequeñas y el agotamiento en sí. El hombre en lugar de brindar apoyo a la mujer perturbada se enfurece por que ella está molesta. Esta incomprensión de ambos cónyuges agrava la situación.