| Fuente: Andina

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Como se temía o se esperaba, la primera parte de las confesiones de Jorge Barata ha confirmado la gravedad del caso Lava Jato. Ahora sabemos, de la boca de quien fuera Superintendente de Odebrecht en el Perú, que la empresa brasileña financió las campañas de los últimos cuatro presidentes peruanos, además de otros dirigentes políticos como Keiko Fujimori, Lourdes Flores y Susana Villarán. Aunque la prudencia implica esperar el tenor oficial de las declaraciones y las tres audiencias pendientes, lo trascendido hasta ahora basta para comprender el clima general de nuestra vida política durante los últimos años: confrontación, desconfianza generalizada, hostilidades personales, ataques al sistema judicial, postergación de agendas de desarrollo en beneficio de la invectiva, el insulto y la descalificación.

Las declaraciones de Barata se han referido solo al financiamiento ilegal de campañas electorales. Desde ya, se han elevado algunas voces para señalar que esa figura no existe como delito en nuestros códigos, desconociendo formulaciones explícitas de la Ley de Organizaciones políticas. Aunque sobre ese punto los especialistas seguirán debatiendo y los jueces tendrán que afinar sus argumentos, lo cierto es que ninguno de los imputados reconoció en su momento haber recibido fondos de Odebrecht, es decir que todos fraguaron sus declaraciones ante la ONPE. Durante los próximos días las declaraciones de Barata se referirán ya no a campañas, sino directamente al pago de sobornos financiados por los sobrecostos, es decir al robo del dinero de los peruanos.

La mejor reacción ante la grave situación que vivimos es la que hemos preconizado siempre: la búsqueda de consensos mínimos para mejorar nuestras instituciones, dinamizar nuestra economía y restablecer la confianza en nuestras autoridades. No es el momento de distraer la atención, ni de limitarse a la defensa abogadil de jefes y partidos y menos aún de desviar la energía en combates que nos alejen de objetivos nacionales.

Reformas políticas y crecimiento

Parte de esos consensos mínimos está en marcha tras las propuestas de reformas política y judicial. Necesitamos partidos que representen efectivamente a sectores del electorado, practicando la democracia interna. Necesitamos un sistema electoral que evite la fragmentación y que termine con el voto preferencial. Necesitamos jueces probos e independientes que garanticen el debido proceso, y de los que se pueda saber que proceden con independencia y celeridad.

Los consensos tienen que referirse también al perfeccionamiento de nuestro sistema económico y fiscal. No podemos perturbar el clima, desalentando la inversión privada, motor del crecimiento económico. Por eso, el Presidente de la República tiene que aclarar el sentido de sus diatribas contra “poderosos intereses” y buscar el apaciguamiento sobre temas que requieren concertación con el sector privado, que no debe ser satanizado: las deudas tributarias, la ley anti-elusión, las fusiones y concentraciones. No hay que olvidar un principio simple: la manera más segura de aumentar la recaudación es promover el crecimiento. Los especialistas conocen la relación exacta entre los puntos del PBI y la tasa de ingresos tributarios. La SUNAT debe concebir su tarea al servicio de los contribuyentes y no solo como agente sancionador.

Retablo

Finalmente, los consensos requieren una visión de país, que asuma nuestra diversidad y las demandas que aparecen con la renovación de las generaciones y la formación de nuevos sectores sociales y nuevas sensibilidades. Nada mejor para eso que mantenerse a la escucha de ese Perú nuevo que se expresa, cada vez más, en la obra de creadores y en particular a través del arte que reúne a todas las artes: el cine. Vale la pena por eso destacar el pre-estreno de la película “Retablo”, filmada en el Ayacucho post-terrorismo, es decir aquel en que muchos jóvenes se hallan atraídos por la vecina Ica, región de pleno empleo y remuneraciones en alza. Quien quiera tener una imagen a la vez íntima y social del mundo andino del siglo XXI debe ver “Retablo”, que no por casualidad, se presenta bajo un lema inapelable: Seamos tolerantes.

Las cosas como son

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