Sergei
Sergei cree que la pandemia del coronavirus es una invención de los líderes religiosos. | Fuente: Twitter

El pasado martes, el sacerdote ruso ultraconversador conocido como Sergei, entró en el convento Sredneuralsk, ubicado a las afueras de la ciudad de Ekaterimburgo (Rusia), provocando la huida de varias monjas y la madre superiora. “Tendrán que asaltar el monasterio” si quieren que lo abandone, dijo el padre mientras los guardias armados se disponían a entrar al lugar.

En abril de este año se le prohibió predicar y, en mayo, se le quitó del derecho a llevar una cruz después de animar a un grupo de fieles a desobedecer el mandato de las autoridades rusas, impuesto para frenar la pandemia de la COVID-19. Sin embargo, el padre Sergei fundó este convento a principios de los 2 000, por lo que los fieles solían acudir a escuchar sus sermones, hasta que fue expulsado.

Desde el pasado 13 de abril y, en medio de la pandemia, las autoridades rusas cerraron todos los centros de culto, pero volvieron a abrirlos en junio. Hasta este jueves, Rusia confirmó 7 790 nuevas infecciones de coronavirus, de acuerdo con información de la BBC, y la cifra total de casos registrados asciende a 560 000.

¿El coronavirus? Una mentira

El padre Sergei difunde la idea de que el actual brote de coronavirus es una mentira, y una “pseudopandemia”. ¿Su teoría? Acusa a los líderes de la iglesia de trabajar “con los ancestros del Anticristo” para cerrar todos los centros de culto. Esto hizo que la Iglesia Ortodoxa Rusa organizara un tribunal eclesiástico para determinar su futuro.

Al decidir que debía abandonar el monasterio, el sacerdote abandonó la reunión y pasó a tomar control del sitio. “La diócesis me prohíbe servir a mi comunidad, me prohíbe hablar. Pero tuve la suerte de poder hacerlo", le dijo al periodista”, dijo a la prensa británica.

Ahora, el padre se enfrenta a otra sesión de la corte eclesiástica, el próximo 26 de junio. Pero, ¿quién es el padre Sergei? El hombre es un expolicía, que pasó 13 años en la cárcel por asesinato, aunque sus fieles aseguran que la acusación es falsa.

Tras ser puesto en libertad en el año 1990, cambió su nombre a Nikolai Romanov, en honor al último zar ruso, Nicolás II, quien se cree está enterrado muy cerca al monasterio en cuestión. Entre sus fieles se encuentran varias estrellas deportivas y políticos rusos.

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