Escombros humeantes, esqueletos de autos con vidrios derretidos, un gato cubierto de hollín: tras el devastador paso del incendio más destructivo registrado en California, Paradise (en español, paraíso) se ha convertido en una ciudad fantasma.

"Es devastación, devastación total, es increíble que haya ocurrido algo así", describe Mark Nees, un bombero que llegó de la vecina Oregon para ayudar a sus colegas californianos. "Hemos visto muchos incendios a través de los años, pero este es el peor que he visto", dice a la agencia AFP el jefe de su brigada.

En el centro de la ciudad, al igual que en los suburbios, los únicos rastros que quedan de las casas -que en California son en su mayoría hechas de madera- son restos humeantes. En algunas, sólo quedó la chimenea de ladrillos. Algunas construcciones se han salvado extrañamente, como un garaje que estaba rodeado por una cerca de plástico blanco que quedó derretida por el calor.

Los camiones rojos y los trajes amarillos de los bomberos, junto con las camionetas azules de los trabajadores de la compañía de electricidad, son los únicos trazos de color en el desolado paisaje gris ceniciento.

Los 27.000 habitantes de Paradise fueron evacuados. Algunos de ellos apenas alcanzaron a huir de las llamas. Otros, sin embargo, no tuvieron esa suerte: los rescatistas recuperaron cuerpos de los restos de algunas viviendas este sábado, con lo que se elevó a 23 la cifra de fallecidos. De los muertos, 19 fueron hallados en Paradise y los otros cuatro en la vecina Concow, ambas ubicadas en el condado de Butte.

Los residentes fueron disuadidos de regresar, como demanda el estado de emergencia aún vigente, dijo la policía. Decenas de vehículos con personas que intentaban volver para buscar a seres queridos o mascotas, o simplemente chequear que su casa estuviera en pie, fueron obligados a dar la vuelta y permanecer alejadas de la zona.

"No sé dónde más buscar"

Algunos evacuados esperan angustiados cerca de la barricada de la policía, incluida Katie McCrary, una anciana sin teléfono celular que no tiene noticias de sus dos hijos y nietos. "No sé si están bien, si salieron, he estado en los refugios en Chico y no están allí", dice, en referencia a una ciudad vecina.

"No sé dónde buscar", se lamenta McCrary, con hollín en su suéter, visiblemente agotada después de haber pasado dos noches en su automóvil a un lado de la carretera. Decenas de personas seguían desaparecidas el sábado.

El incendio que ya arrasó con 390 kilómetros cuadrados, sigue avanzando, y los bomberos solo pudieron contenerlo en un 20%. Lo que queda de la ciudad aún no está del todo a salvo.

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