Dos empresas de taxis aseguran actualmente la tarea. Juntas, distribuyen 25 000 test por semana en Estocolmo y sus alrededores. | Fuente: AFP

Al volante de su taxi en Estocolmo, Jotta Nikopoulou hace sucesivas entregas de test de COVID-19, un medio utilizado por las autoridades de la capital de Suecia para reforzar su eficacia y una manera para las empresas de taxis de recuperar algo de las ganancias perdidas por la pandemia.

Desde el verano, la conductora va y vuelve a una estación en los suburbios de Estocolmo para recuperar test PCR. Su misión es distribuirlos a cada persona con síntomas del virus que la solicite.

Esta operación forma parte de un programa lanzado en junio por las autoridades de la capital sueca que tiene por objetivo reforzar las capacidades para hacer test en uno de los países de Europa más afectados proporcionalmente por el virus.

Dos empresas de taxis aseguran actualmente la tarea. Juntas, distribuyen 25 000 test por semana en Estocolmo y sus alrededores, según el hospital universitario Karolinska, en una región que hace test a entre 45 000 y 52 000 personas cada semana.

Sin mascarilla

Bajo un cielo gris de invierno, Jotta espera al volante de su Volvo negro, estacionada en los alrededores de una carpa donde tiene que recoger un paquete con los elementos para hacer el test. 

Una vez recuperado el paquete, parará unos kilómetros más adelante frente a un edificio. Como le recomiendan las autoridades sanitarias del país, debe garantizar el respeto de la distancia física con su interlocutor.

Unos diez minutos más tarde, regresará para recuperar la muestra y entregarla al personal médico. Jotta no lleva mascarilla porque Suecia es uno de los pocos países en el mundo que no la exige.

Lleva por el contrario guantes y se desinfecta las manos antes y después de cada misión. Limpia también las partes del vehículo que tocó. Los chóferes como ella realizan hasta seis entregas diarias.

Aunque Suecia aplica aun una estrategia menos estricta que en otros lugares para combatir la pandemia, sin confinamiento y pocas medidas coercitivas, Jotta, conductora de taxi desde hace 11 años, explica que su actividad se vio muy afectada.

"Nadie quería ir a la oficina, nadie quería ir a los aeropuertos, entonces no teníamos ninguna actividad", se lamentó. El hundimiento del número de viajes que afecta a muchos taxistas en el mundo ha convertido a esta profesión en una de las más afectadas por las medidas restrictivas.

El programa también fue concebido para "reducir el riesgo de propagación de la enfermedad durante el proceso de las pruebas", asegura el hospital Karolinska.

AFP