Los cambios en la ciudad se hicieron evidentes, por ejemplo, las emisiones de CO2 bajaron al 70% y tres cuartos de los viajes son hechos a pie o en bicicleta. | Fuente: La Voz de Galicia

(Agencia N+1 / Daniel Meza) Las grandes ciudades padecen de muchos problemas, y algunos están indefectiblemente ligado al parque automotor y la contaminación tanto visual y ambiental que producen si es que no es bien regulado. Si no pregúntenle a los ciudadanos de Shanghai, a quienes no les queda más remedio que pagar por aire limpio.

La historia es distinta en Pontevedra, una ciudad de 80.000 habitantes en España que da ideas de luchar contra la sobrepoblación de autos con una postura radical: prohibirlos y retirarlos de sus calles.

“El usual sonido de una ciudad española ha sido reemplazado por los trinos de pájaros y las conversaciones de las personas que circulan por allí”, cuenta Stephen Burgen, reportero de The Guardian describiendo su paso por aquella ciudad.

Ni motores ni bocinazos

“No se escuchan motores ni bocinazos, nada del sonido metálico de las motocicletas o personas gritando para hacerse oír en medio del ruido; más bien, lo que se oye en las calles son los pájaros en las camelias, los sonidos de las cucharitas en las tazas o el sonido de voces humanas, y grupos de niños pequeños cuyos profesores no temen que se topen con el tráfico”.

Para Miguel Anxo Fernández Lores, quien es alcalde la ciudad gallega desde 1999, “poseer un auto no te da derecho a ocupar espacio público”. Cuando asumió, 14.000 autos pasaban por una calle principal a diario, más autos que gente viviendo en el centro.  Las autoridades creen que no se debe permitir que ancianos y niños no puedan usar la calle por culpa de los autos.
Mapa al estilo de un metro creado para las rutas peatonales de Pontevedra. | Fuente: Pontevedra

Estacionamientos en la periferia

Luego de estar en la oposición 12 años, el primer mes de su gobierno, Lores peatonizó los 300.000 metros cuadrados del centro medieval, pavimentando las calles con losas de granito. El centro histórico hasta entonces estaba infestado de drogadicción y accidentes de tránsito. Estaba estancado y mucha gente que pudo se fue. La idea original era mejorar condiciones del tránsito, pero nunca se llegó a un plan realizable. En lugar de ello, se tomó la decisión de prohibir los autos.

Además, se eliminó todos los estacionamientos del centro, en los que las colas para buscar parqueo ocasionan congestión. A la par, abrieron estacionamientos subterráneos y otros en la periferia, con 1.686 lugares libres. Retiraron los semáforos, extendieron la zona libre de autos y usaron calmantes de tráfico para reducir la velocidad a 30km/h en exteriores.

La ganancia supera los problemas

Los beneficios fueron notorios: en las mismas calles murieron 30 personas entre 1996 y 2006, y solo 3 en los 10 años subsecuentes (ninguna desde el 2009). Las emisiones de CO2 bajaron al 70% y tres cuartos de los viajes son hechos a pie o en bicicleta. Hay 12.000 nuevos habitantes en el centro de Pontevedra.

La única queja es el tráfico que se forma a horas puntas en las avenidas periféricas, aunque es algo con lo que conviven tranquilamente si lo miden con los beneficios que ha traído la medida, según pudo recoger el autor de la historia.

Todos los trabajos fueron financiados de forma local y no recibieron ayuda del gobierno regional o central, aun cuando el ex presidente Mariano Rajoy (natural de Pontevedra) estuvo a la cabeza. Una muestra para las grandes ciudades latinoamericanas de que si se quiere, se puede.
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