Desde el exterior parece otro edificio histórico ubicado en el centro de Río de Janeiro, Brasil,  pero adentro es una biblioteca de varios pisos que parece el escenario de una película de Harry Potter y que continúa fascinando tanto a locales como turistas un siglo después de su fundación.

"¡En 'Harry Potter' hemos visto bibliotecas como esta!", exclama Didier Margouet, un turista francés de 57 años, mientras camina a lo largo de los estantes llenos de libros con lomos de cuero que ocupan las altas paredes del Real Gabinete Portugués de Lectura.

El espacio fue construido a finales del siglo XIX bajo la administración de una asociación de inmigrantes portugueses que todavía cuida la institución. Su arquitectura gótica y renacentista, así como su plétora de tallas, mosaicos y esculturas celebran las aventuras de los navegantes portugueses en los siglos XV y XVI.

Con más de 350 mil volúmenes y ediciones raras es actualmente más una atracción turística que una sala de lectura, aunque para algunos continúa siendo un precioso refugio de conservación de la mayor colección de libros de lengua portuguesa fuera de Portugal.

Lector fiel

Carlos Francisco Moura, de 86 años, es uno de los lectores fieles. Este arquitecto jubilado llegó a Brasil proveniente de Portugal con sus padres y se volvió un asiduo visitante de la biblioteca desde niño.

Ahora pasa su tiempo ojeando los tomos en los escritorios de madera oscura del lugar, y copiando información para sus propios libros, que versan sobre historia de Portugal. "Este es el alma mater de los portugueses en Brasil, la sala de lectura es eso y mucho más", le cuenta Moura a la AFP mientras ocupa uno de los escritorios de madera oscura.

Orlando Inácio, de 67 años, es quien administra el lugar. También vino de Portugal cuando era niño, para nunca más volver. "Es un verdadero orgullo saber que esta biblioteca creada por portugueses es una de las más hermosas del mundo", dijo.

Inácio rastreó las raíces de la biblioteca hasta una asociación de inmigrantes portugueses que nació en 1837. "El objetivo era ayudar a los inmigrantes, quienes en general eran poco letrados. La idea era mejorar su educación y ampliar sus conocimientos", explicó.

Él reconoce que con los cambios que trajo internet ha disminuido la cantidad de investigadores y de "ratones de biblioteca" que acostumbraban frecuentar el lugar. Ahora quedan apenas aquellos que necesitan consultar libros raros disponibles solo en su versión física.

AFP

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