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Como si el tiempo se hubiera detenido hace dieciséis años, cuando decidieron disolverse, el grupo británico The Stone Roses transformó esta noche Barcelona en su Manchester natal, en un regreso a los escenarios en el que no han faltado todos los éxitos que los elevaron a la categoría de grupo de culto.

La emblemática Sala Razzmatazz de la capital catalana han sido el altar escogido para el inicio de su gira europea y la resurrección de una de las bandas referencias de la historia del pop británico.

Apenas dos discos les hicieron falta para ser elevada al olimpo de la música y apenas una hora y media les ha bastado para que el público catalán se entregara nuevamente en cuerpo y alma a sus mesiánicas melodías, esta vez con un aire más rockero y rebelde, en una segunda juventud sin atisbo de oxidación.

Incluida como fiesta oficial del Festival Internacional de Benicàssim (FIB 2012), el primero de los dos conciertos de The Stone Roses en Barcelona estuvo a la altura de los esperado, con tiempo para la nostalgia, pero con la sensación que el cuarteto inglés ha venido para quedarse.

Poco duraron llenos de cerveza muchos de los vasos, mas aún cuando la banda ha hecho aparición por todo lo alto con uno de sus más aclamados temas. "I wanna be adored", toda una declaración de intenciones como punto de partida.

Casi veinte años llevaban sus seguidores esperando volver a escucharles en directo y ellos no han faltado a la cita. Nada han dejado en el tintero. "Fools Gold", "She bangs the drums", "Sally Cinnamon", "Waterfall" y así hasta dieciocho canciones elevadas ya a auténticos himnos a lo largo del tiempo.

"¡Estos tipos son increíbles!¡Increíbles!", reconocía a Efe un desatado Liam Gallagher, justo antes de lanzar un chorro de cerveza hacia un público que estallaba ante uno de sus ídolos.

Pero los verdaderos protagonistas eran un inspirado Ian Brown y sus secuaces John Squire, Gary Mounfield "Mani" y Alan John Wren "Reni". Cuatro tipos que revolucionaron el pop británico con su álbum de debut y sentaron las bases para la germinación del pop inglés de los años noventa.

Como culminación, uno de sus mejores temas que más describen el carácter mesiánico de esta banda. "I am the resurrection", coreaba el público barcelonés entre saltos desbocados. El final perfecto para una velada de las que restan en la memoria.

EFE