Desafiar la arena, el viento y el inclemente clima que por momentos abriga y en otros te enfría hasta los huesos, es parte de la aventura obligada para llegar al Parque Lítico, ubicado en los arenales de Nuevo Chimbote, provincia del Santa (Áncash), donde el tiempo, sabio como es, ha tallado enormes figuras de piedra enclavadas en la arena, mejor que cualquier escultor graduado en bellas artes.

Y si hablamos de aventura, el punto de inicio es equiparse con ropa ligera, zapatillas, agua y una casaca en la mochila por si las dudas. Todo listo, ahora rumbo al sur de Chimbote, vía carretera Panamericana Norte, que nos llevará hasta el kilómetro 417. Ahí bajamos.

Respiramos profundo y empezamos la caminata, trayecto de aproximadamente 20 minutos que pondrá a prueba nuestra resistencia y sobre todo nuestra imaginación, pues encontraremos majestuosas figuras de piedra, que parecen emerger de la arena, las que esperan ser descubiertas y bautizadas con un nombre por el aventurero  visitante.

Ya en el Parque Lítico tras tropezar con miles de “conchuelas” en la arena se pueden observar figuras de focas, ardillas, tortugas, lobos marinos, dinosaurios y hasta rostros humanos, que engalanan y acrecientan la majestuosidad de los arenales que contrastan con el azul del mar ancashino.

Siempre vigilado por estos gigantes de piedra, quienes con su mirada imperturbable muestran la  ruta para llegar a un paraje desconocido pero sorprendente para aquellos quienes gustan disfrutar del deporte alternativo como el sandboard, que consiste en surfear en la arena, desafiando la velocidad y gravedad.

Deporte que requiere de esfuerzo y por ende se necesita recuperar energías, y qué mejor que con un buen cebiche de mariscos, un jugoso de chita o una ronda marina, que debe ser asentada con una buena bebida que servirá como complemento a los potajes marinos.

Aperitivos que podrán ser degustado en el balneario Vesique, donde la arena se mezcla con el mar y el azulado cielo, adornado por el vuelo de las gaviotas y la paciencia de los pelícanos que llaman a la meditación, sobre todo con el estómago lleno.

Este Chimbote mágico, encantador y bendecido por el ser supremo, que nos muestra su gracia al habernos regalado tantos encantos en el mar y hasta en la arena, donde para muchos no hay nada, siempre hay una la ruta del caminante.

Por: Manuel Sarango

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