Cada 10 de octubre  en Yunguyo la feligresía aymara se rinde a los pies de San Francisco de Borja, cariñosamente conocidos como Tata Pancho.

Declarada como Patrimonio Cultural de la Nación en el 2011, la festividad de San Francisco de Borja, entrañablemente conocido como Tata Pancho, es para el poblador aymara más que la manifestación  de la fe religiosa, es la expresión de su esencia en el mundo andino. 

Su denominación surge del vocablo “Tata” que en el mundo andino se refiere a padre o Dios, advocación con la que los antiguos aymaras adoraban a sus “achachilas” (deidades) y con la incursión de la religión Católica y el tratamiento popular resulta en “Tata Pancho.

Como otras manifestaciones de las tradiciones altiplánicas, es el resultado de la simbiosis entre el cristianismo traído por los colonizadores y sus matices ancestrales expresado en el tributo a la Pachamama y un elemento recientemente integrado como le folklore.

Añejos pobladores cuentan que antes la fiesta del Corpus Christi precedió a la conmemoración a Tata Pancho, sin embargo, la danza aún no se practicaba como una medida estratégica mientras se instauraba la evangelización católica.

Con la solemnidad cristinana surge la figura de los “Phusas” o intérpretes de zampoñas, e instrumentos de viento que posteriormente se les conocería como “sikus”; siendo ellos los personajes emblemáticos que amenizaban la fiesta.

Inicialmente, harmoniosas melodías de zampoñas y bombos anunciaban la llegada de la fiesta patronal a cargo de agrupaciones de sikuris, así como el cadencioso baile a ritmo de choquelas, Pulis Pulis, Waca Tintis, entre otras danzas autóctonas encendían el ambiente festivo.

En la actualidad, morenadas, waca wacas, diabladas, kullawadas y demás danzas en trajes de luces le han otorgado mayor vistosidad a esta solemnidad religiosa, pero no le han restado lo imponente a las expresiones de su arraigada esencia aymara.

Orígenes

Según los historiadores San Francisco de Borja, fue nieto del Papa Alejandro VI y del Rey Fernando Aragón, primo del Emperador Carlos V, e hijo del Duque de Gandia. En 1551 fue ordenado sacerdote religioso jesuita.

Tras su muerte en 1572,  fue canonizado por el Papa Clemente X y elevado a los altares juntamente con Santa Rosa de Lima. La figura mística de San Francisco de Borja fue difundida por la esposa de Conde de Lemus XIX.

Durante el paso del virrey en plenas turbulencias en las minas de laykakota en Puno y luego a Copacabana Bolivia, la sagrada efigie pétrea habría sido abandonada accidentalmente en Yunguyo, comprobándose luego tras pericias en España que se trataba del rostro de Sn Francisco de Borja.

Aparición

En la época colonial, en el sector denominado Milagro, próximo al poblado de K´asani en la frontera entre Perú y Bolivia, unos humildes campesinos cumplía con su ardua labor agrícola, cuando de pronto sus herramientas se toparon con una cruz de piedra y en ella labrada la imagen de Francisco de Borja.

Los rumores no se hicieron esperar y en el corrillo urbano no se hablaba de otro tema, y convocaron a fornidos jóvenes para que saquen esa reliquia de la tierra, pero era pesada que la dejaron en el sector de Chacapata, donde posteriormente se realizarían las celebraciones.  

Con el correr de los años, a pedido de los creyentes la sagrada imagen, fue trasladada a la Yunguyo, y desde entonces reposa en el templo principal de esta localidad.

La fiesta

Una vez que instaurada la presencia de San Francisco de Borja como santo patrono de Yunguyo, la veneración y celebración han ganado tal trascendencia que hoy en día es considerado uno de las principales fiesta religiosas de Puno y el Perú.

Por lo general, la fiesta inicia el 08 de octubre con las misas de novena, la recepción de bandas y delegaciones de danzantes de Bolivia y otras latitudes. Por su parte, los alferados ataviarán de nuevas galas a la efigie a la que luego levarán en andas en procesión. 

Las tradicionales albas precedida de la ceremonia eucarística anuncian el inicio del jolgorio a ritmo de sikuris para rendir homenaje a Tata Pancho. Luego, acompañado de las autoridades locales será paseado en procesión entre oraciones y cánticos de miles de fieles.

Seguidamente comparsas de trajes de luces harán gala de sus vistosos trajes y contagiantes pasos de baile para venerar a santo patrono en la fiesta que será presidia por las autoridades eclesiásticas y políticas. 

Son más de 20 conjuntos se sikuris y un número cercano de traje de luces que han paralizado la ciudad para expresar su fe Tata Pancho, por lo que la Gobernación ha declarado feriado local para que sea apreciada en todo su esplendor.

Tras las celebraciones oficiales, la huarjata y/o convides con sabrosos potajes están a cargo de los alferados y sus familiares en sus domicilios o locales que contratan para la fiesta social que será amenizada por las orquestas del momento.

Los días posteriores se entregará el cargo al alferado del próximo año, y los cacharparis estarán al orden del día saliendo a danzar por las arterias de esta localidad, haciendo sentir el calor aymara a pesar de estar por encima de los 3 mil metros sobre e nivel del mar.

Por: Zeinada Zea

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