Carolina Silva Santisteban (29 años), feminista, lesbiana, activista, comediante y empresaria. | Fuente: La otra ruta

Por: Verónica Ramírez Muro
Fotos: Morgana Vargas Llosa

Más de 100,000 seguidores en Facebook, 17,000 en Instagram, otros 17,000 suscriptores en su canal de YouTube y entradas agotadas en todos sus espectáculos. Carolina Silva Santisteban (29 años), feminista, lesbiana, activista, comediante y empresaria, produce un festival de teatro LGTBI y, hasta el momento, más de 6.000 espectadores han asistido a su unipersonal. También ha recibido las llamadas de un banco, de una marca de cerveza y otra de flores para realizar asesorías y campañas publicitarias. Y todo gracias a una habilidad que le ha costado mucho dolor adquirir. Carolina sabe hacer reír (y se ríe ella misma) sobre un tema serio: la homofobia en el Perú.

“Yo había crecido escuchando que ser homosexual era ser un enfermo, un depravado. Me sentía sucia al pensar que quería estar con una chica. Yo pensaba que iba a conocer a un chico tan churro que en algún momento me iba a arreglar”, dice mientras come un panqueque con chocolate y se acomoda el flequillo que le cubre media frente. El mozo del local la reconoce (“¿eres tú?”) y la chica de la mesa del costado le hace fotos sin atreverse a pedirle una.

Hija de un militar retirado y de un ama de casa, Carolina creció en una familia tradicional y conservadora donde la homosexualidad era un tabú. Según la primera encuesta para lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexo (LGTBI) realizada en 2017, el 62,7 % de personas pertenecientes a esta población han sufrido algún tipo de violencia y discriminación. El movimiento con #ConMisHijosNoTeMetas se opone a las políticas de implementación del enfoque de género. La unión civil ha sido rechazada 4 veces en el Congreso.

“¿Por qué nos quieren atacar si ni siquiera se dan el trabajo de buscar información? Hay grupos muy egoístas a los que no les da la gana de cambiar su manera de pensar y no lo harán, pero pienso en las personas con un poco de información podrían llegar a entender. Trato de educar en la diversidad sexual con las herramientas que yo pueda tener”, dice Carolina.

Y esa herramienta, básicamente, es el humor.

La Estación de Barranco

Choripán. Un show sobre la aventura de salir del clóset empieza a las 8pm, pero desde las 7 ya se puede ver una larga cola de personas a la espera de que abran las puertas. Carolina prueba las luces y el sonido. Se ha presentado en 11 ciudades del Perú y en el extranjero (Montevideo y Bogotá), pero no puede evitar sentirse nerviosa.

“Para los heterosexuales conservadores, ser lesbiana es un acto de venganza”, dice sobre el escenario. Cuando, en realidad, “debería ser una celebración, como un quinceañero con tus Converse de lujo, tus padres al lado y tu chambelana”. El público ríe.

Hacer del trauma una performance se ha convertido en un viaje de ida y vuelta para Carolina. Así como ella abre su vida sobre el escenario y cuenta su propia historia de represión, dolor y florecimiento, muchos chicos y chicas que asisten a sus espectáculos se le acercan para pedirle una foto y compartir su propia experiencia.

En materia de derechos LGTBI estamos a la zaga en Sudamérica junto con Venezuela y Paraguay. “Somos los únicos países que no tenemos una legislación LGTBI clara de reconocimiento, no tenemos una ley de identidad de género para hombres y mujeres trans y ningún tipo de legislación que proteja a parejas del mismo sexo que deseen emprender un proyecto de bien común, sea unión civil o matrimonio igualitario”, dice el congresista Alberto de Belaúnde, quien ha planteado en el Congreso la aprobación de un proyecto de ley para la unión civil entre personas del mismo sexo.

El público de esta noche es variado: hay heterosexuales, padres de hijos gays, adolescentes gays, personas que vivieron toda una vida en el clóset y que recién a los 60 años se atrevieron a compartir su vida con personas de su mismo sexo, jóvenes que solo quieren pasar un buen momento, amigas de la infancia con sus respectivos maridos. El stand up de Carolina es una ventana al cambio y esta noche La Estación de Barranco es una pequeña muestra de un Perú abierto, plural y tolerante.

Carolina todavía es escéptica. “Sí, he presentado Choripán para más de 6,000 personas, ¿pero cuántas personas hay solo en Lima?”, dice.

“Yo siento que un stand up comedy o una obra de teatro pueden tener mucho más impacto que horas de debate en el congreso o miles de artículos impresos sobre el tema porque la gente baja la guardia cuando están en alguna actividad de entretenimiento y están más dispuestos a tratar de entender las cosas desde otra perspectiva”, opina De Belaúnde.

Los primeros pasos

Antes de que el fenómeno Choripán estallara, Carolina escribió Cuando seamos libres (su primera obra como directora). Un taller de teatro con Mariana de Althaus la ayudó a reconvertir la obra de ficción que escribía en un testimonio. En la obra, 2 chicos y 2 chicas cuentan sus propias vivencias de represión, vergüenza y sufrimiento y explican qué entienden por la libertad relacionada a la salida del clóset.

“En ese momento yo no sabía la diferencia entre una persona homosexual y una transexual. Empecé a conocer gente de muchos colectivos. Necesitaba información porque sentía que era una gran responsabilidad”, cuenta Carolina.

En el fondo, aunque tímida e introvertida, creó el espectáculo para que sus papás comprendan, para que obtengan información, se sientan seguros y vean que, así como ella, otros chicos y chicas de su edad también sufrían el pánico de decirlo, de nombrarse, de salir. Lo que empezó como un proceso íntimo se ha amplificado y extendido hasta convertirse en un reclamo sobre el escenario y en las redes.

“Afrontar una ruptura es difícil. Afrontar una ruptura estando en el clóset es más difícil todavía. ¿A quién acudes? Perdí el 30% de la beca que tenía en la universidad, no iba a clases, no hablaba con nadie. Yo no les quería contar a mis amigos porque tenía miedo que dejaran de ser mis amigos”, dice.

Después de Cuando seamos libres vinieron otras producciones como Mosca, Qué tal rosca, Manzanas de Eva o el Festival de Artes Escénicas por la Diversidad. Carolina, además de “artivista”, como ella misma se define aludiendo a su activismo a favor de los derechos LGTBI a través del arte, es productora teatral. No actúa en todas las obras que produce, pero en la mayoría ejerce de presentadora. La idea es incorporar a más comediantes que compartan el humor como una experiencia sanadora. “La única manera de traer abajo los prejuicios que tenemos es ver lo ridículos que son. A través de lo que hacemos queremos derrumbarlos”, dice.

A la salida de Choripán, buena parte de los asistentes espera a Carolina para pedirle fotos y autógrafos. Los autos se detienen a ver quién es la famosa. A pocas cuadras de ahí, pero a kilómetros de distancia de su vida pasada, Carolina presentó su primer stand up hace 4 años. Sus padres se encontraban entre el público y ella se enfrentaba a una salida del clóset familiar y pública. Esa noche hablaría de su orientación sexual y de sus temores con sus propios miedos sentados en la primera fila.

“Todo lo que ha pasado ha servido para conocerme, para encontrarme y aceptarme. Salir del clóset también ha significado tener una personalidad más fuerte, más decidida y ha repercutido en tener una opinión sobre algunas cosas y empezar a indignarme por otras que tienen que ver con política y ciudadanía”, dice.

Hace unos meses Carolina fue la portada de una revista que sale los sábados. Ese día se despertó temprano y salió a buscar el periódico. Volvió a casa, donde todavía vive con sus padres, con un ejemplar entre las manos. Lo apoyó con cautela sobre la mesa del comedor. “¿Solo has comprado uno?”, le preguntó su padre. “Ya vuelvo. Voy a comprarlos todos”, dijo, inmediatamente después, orgulloso.

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