Muchas personas no pueden superar el duro golpe suscitado hace tres años, el 15 de agosto de 2007, cuando la tierra tembló al sur de Lima.

Eran las 18:40 horas, momento en que los sueños de cientos de pobladores se acabaron. El terremoto de 7.0 grados en la escala de Richter (7.9 grados en la escala Magnitud Momento) dejó casi 600 muertos, además de miles de heridos y damnificados.

Cientos de hogares, edificios públicos y muchas iglesias resultaron afectadas; algunas de ellas, desaparecieron.

Las zonas más afectadas fueron las ciudades del departamento de Ica y de la provincia de Cañete, especialmente Pisco, Chincha Alta, Chincha Baja, Tambo de Mora, Ica y San Luis de Cañete.

Inmediatamente, la ayuda internacional se hizo presente. No obstante, la demora en la repartición y problemas de logística colmó la paciencia de los iqueños.

Algunos pobladores aún reclaman que no existen avances en temas de salud ni educación.

Respecto a las viviendas "aún hay gente que vive bajo cartones, plásticos, en terrenos, en suelo y realmente esto es calamitoso", denuncia el dirigente Teodulo Hernández, presidente del Comité Central de Lucha de Pisco.

Cientos de familias todavía viven en pésimas condiciones, pese a que el Ejecutivo informara haber invertido más de 2,686 millones de nuevos soles en las provincias devastadas.

En respuesta, los habitantes denuncian actos de corrupción en el proceso de reconstrucción, por lo que dicen estar "muy cansados", toda vez que no ven avances tangibles.

Por ese motivo, el Comité Central de Lucha de Pisco organizó un simbólico "cacerolazo" para llamar la atención de las autoridades a fin de que éstas atiendan sus reclamos.