Trabajadores de Ica protestan por sus demandas.
Trabajadores de Ica protestan por sus demandas. | Fuente: Foto: RPP Noticias

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A medida que pasa el tiempo pareciera que nos acostumbramos a vivir con el coronavirus y poco a poco la prudencia cede lugar a nuestros rasgos más irracionales. Herederos de una sociedad colonial jerarquizada y excluyente, muy pocos períodos de nuestra historia nos han enseñado las virtudes del diálogo, la tolerancia y la búsqueda de consensos racionales. No nos es familiar la práctica social de forjar acuerdos en los que nadie obtiene todo lo que quería, pero en los que todos saben que se toma en cuenta su dignidad y sus intereses. En el Congreso como en las calles y en la carretera Panamericana, estamos siempre tentados por las soluciones de fuerza. Y nos cuesta trabajo sopesar los argumentos de los demás, en vez de lo cual recurrimos con facilidad a denigrar, ignorar o insultar. Depende de nosotros que la experiencia inesperada y terrible de la pandemia nos deje una lección que compense en parte los malos resultados de nuestra gestión sanitaria. Comenzamos el año 2020 batiendo nuestro record histórico de continuidad democrática, veinte años, pero lo que más será recordado es que precipitamos la caída de dos presidentes en plena pandemia: Vizcarra, pese al respaldo de la calle, Merino pese al respaldo del Congreso.

Ayer vivimos dos casos más de nuestra incapacidad de dialogar. Vizcarra decidió retirarse de la Comisión de Fiscalización, ante la cual ejerció su derecho a guardar silencio. La Comisión sigue siendo presidida por el congresista Alarcón, sobre el que pesan denuncias constitucionales por actos de corrupción. Vizcarra fue llamado “mitómano” y “cobarde” y se dijo víctima de la voluntad política de agraviarlo con un “informe que ya está redactado sin escucharme”. Horas más tarde, en Ica, se suspendía la mesa de diálogo para abordar las quejas de trabajadores agrarios. El gobierno regional, la Policía, la Defensoría y algunos gremios han tratado de crear un clima apaciguado en el que se pueda buscar soluciones, que naturalmente excluyan la violencia y la destrucción de la propiedad pública y privada. Todos tenemos interés en que las empresas agro-exportadoras sigan generando riqueza y empleo. Y todos deberíamos saber que las condiciones laborales deben cumplir los criterios de la ley y también la exigencia de dignidad de las personas. Como en todos los sectores de nuestra economía, en vez de la ley, lo que parece predominar es la informalidad y en muchos casos, la tercerización del trabajo y los services.

El politólogo Francisco Miró Quesada Rada sostiene en El Comercio que no existe en nuestro país el “capitalismo competitivo del que hablaba Adam Smith, sino el monopólico y oligopólico. Estos son los feudos de la nueva Edad Media”, afirma. Y recuerda el caso de Chile, donde “muchos quedaron sorprendidos cuando se produjo la rebelión de las masas que luego fue legitimada por el 78% de los votos a favor de una nueva Constitución”. Miró Quesada considera que los feudos de nuestra época son consecuencia de un régimen económico en el que “la competencia tiene bajos decibeles y la concentración de la riqueza los tiene muy altos”.

El antropólogo Luis Millones analiza el fenómeno de la comunicación y lo relaciona con el disfuncionamiento de nuestro sistema político. En El Comercio, Millones sostiene que nuestro currículo educativo no impide que muchos egresados de la secundaria “no estén preparados para leer, entender o explicar por escrito, ni siquiera sus propias ideas”. Millones lamenta que, pese a que se multiplican las Facultades de “Comunicaciones”, se empobrezca nuestro uso del lenguaje y en consecuencia la capacidad de entendernos. “No es que las Humanidades hayan perdido el paso de la historia. Lo hemos perdido nosotros”, concluye.

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